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20-10-2013         Ana y Enrique De Renacer Congreso- Montevideo Uruguay “Por la esencia de Renacer”        Ver texto

Reflexiones sobre el futuro de Renacer
27-09-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Cómo transitar el camino que ofrece Renacer
30-08-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

El dolor trae consigo una enseñanza
26-07-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Porqué no fomentamos la catarsis en Renacer
29-06-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida y la manera en que la vivimos
02-06-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida y la manera en que la vivimos
31-05-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

El poder de transformación
26-04-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

El Mensaje de Renacer nos da fuerza para añadir a nuestra vida un sentido más profundo
29-03-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones?
22-02-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

El sentido de la vida

22-02-2013
Reflexiones sobre el futuro de Renacer
Ana y Enrique De Renacer Congreso- Montevideo Uruguay “Por la esencia de Renacer”

Reflexiones sobre el futuro de Renacer

 

       El pasado 16 de octubre bajo el título “Trabajar por un Renacer para los próximos 50 años”, Juan Francolino nos recuerda las expresiones de Gustavo Berti cuando “se refirió a la esperanza de que los grupos trabajaran por un Renacer para los próximos 50 años, expresando que Alicia y él iban a pasar pero el mensaje debía quedar”

        “Hoy, dice, no se sabe si los grupos han tomado en cuenta esta consigna” y luego agrega, generosamente, “o si están trabajando por ella y de haber algún grupo que lo está haciendo, lo hace en forma silenciosa y aislada.”

        

         Quizá influyan diversas causas o circunstancias para que en los grupos no hayan “tomado en cuenta” esta realidad que se cierne sobre el futuro de Renacer.

         Pensamos que entre las principales causas pueden mencionarse las siguientes:

 

a)    La reticencia natural a pensar que Alicia y Gustavo pudieran no estar.

b)    La circunstancia que una acción organizada al respecto, pudiera contradecir un principio básico de Renacer en cuanto no admite la  “estructuración”.

c)     La falta de cabal comprensión del significado del concepto de préstamos que significa el mensaje de Renacer, al considerarlo a titulo individual, cuando éste  es extensible al resto de la comunidad mundial, por ser una revolución cultural que sobrepasa el ámbito de la comunidad a la que cada uno pertenece.

 

 

          Veamos que han dicho Alicia y Gustavo Berti al respecto:

 

1)    En cuanto a la reticencia natural a pensar que Alicia y Gustavo pudieran no estar, los primeros en impulsarnos a encarar su ausencia fueron propiamente ellos mismos Alicia y Gustavo.

        

         Ya en Huerta grande 2003 decía Alicia: “Renacer cumple también con una tarea positiva, se pueden pensar y tener proyectos de futuro, no es solamente vivir el día, desde ya que vamos a vivir el día plenamente y dando mucho amor, pero también vamos a vivir pensando y mirando al futuro, inclusive lo que hoy hacemos acá, es pensando en el Renacer de acá a 50 años.

     No tenemos que quedarnos sólo con el Renacer de hoy, debemos trazar un camino que se pierda en el horizonte, que continúe y siga a través de los años.

     Y cuando todos nosotros, simples mensajero de Renacer, no estemos, continúe  el camino, continúe Renacer, continúe creciendo y enriqueciéndose con el aporte y con la experiencia y la maravilla que cada uno de nosotros somos.”

 

      Y en Huerta Grande 2008: dijo Alicia: “Nuestra esperanza es que ustedes, a su vez, decidan trabajar por un Renacer para dentro de otros 50 años, porque nosotros vamos a ir pasando pero el mensaje debe quedar.”

       Y Gustavo expresó“Vamos a terminar pidiéndoles a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años, para que traten que los papás nuevos que llegan al grupo sigan ese camino que ustedes pueden mostrarles, un camino de humanización y no un camino de rencor, un camino de bronca, un camino de odio,  sino, como dijo Moñi, un camino pleno de amor, porque lo merecemos nosotros, lo merecen nuestros hijos.”

         En Encuentro en Avellaneda 2011 dijo Alicia: “La decisión de ponerse de pie y hacer algo por los demás, en homenaje a los hijos, para eso no nos necesitan a nosotros.

           Es más, los últimos cinco años, nos mudamos a ese lugar tan feo de las sierra, dejamos de viajar porque pensamos que ya era tiempo de retirarnos en el sentido de una parte tan activa.

           De esta manera un poco estamos respondiendo a una pregunta que nos hacen cuando nos plantean ¿qué va a pasar con Renacer de acá a 50 años, cuando no estén Alicia y Gustavo?”

           “Trabajar por el Renacer para dentro de 50 años, es también la razón por lo cual se hace este encuentro, para cuando, por supuesto, no sólo no vamos a estar nosotros, sino muchos de ustedes tampoco.”

 

2)    En cuanto a la circunstancia que una acción al respecto, pudiera contradecir un principio básico de Renacer en cuanto no admite la  “estructuración”.

 

         En Mensaje a todos los miembros de Renacer, Río Cuarto 6 de febrero de 2009, Alicia y Gustavo dicen: Planteado con vistas a los objetivos propuestos perseguidos, para el futuro de Renacer, la tarea  consistirá, en “trabajar” para aquello que sea necesario a tales fines, sin caer en estructuraciones, teniendo presente que siguiendo a Badiou “una actividad colectiva siempre es, en algún sentido, una acción organizada. Hasta los anarquistas están organizados”,teniendo presente sus dos consejos: “primero seamos pacientes, hablo de paciencia constructiva, dice, la paciencia que inventa su tiempo, segundo inventemos caminos. Y aquí debemos preguntarnos ¿Acaso Renacer no inventó un camino?”

 

3)    En cuanto a la falta de cabal comprensión del significado del concepto de préstamos que significa el mensaje de Renacer, al considerarlo a titulo individual, cuando éste  es extensible al resto de la comunidad mundial en cuanto es una revolución cultural que sobrepasa el ámbito de la comunidad a la que cada uno pertenece.

 

         Gustavo expresó en Huerta Grande “Pedimos a ustedes que asuman el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años, por sobre todas las cosas, lo merece  el mundo, lo merece la humanidad, porque es necesario que en esta vida, en este mundo, haya seres compasivos y solidarios que trabajen pensando en los demás.

        En Mensaje del 6 de febrero de 2009 “A todos los miembros de Renacer, Alicia y Gustavo dicen: Pensemos si, al fin y al cabo, la vida misma, y nuestros hijos no merecen que hagamos un esfuerzo por hacer de este mundo un mejor lugar no sólo para nosotros.

         El 29 de enero de 2010, Alicia y Gustavo  nos decían: “Renacer es como un semillero de una humanidad más generosa y más compasiva, con una visión tan amplia que se extienda hacia un futuro en que cada uno asuma el compromiso de trabajar por un Renacer de acá a 50 años, de acá a 100 años.”

 

                                               Conclusión

 

         Como conclusión entendemos pertinente apoyar la propuesta de crear una red realizada por Juan Francolino, el día 16 pasado a saber, cuando dice:

 

“Propongo la formación de una red de comunicación en la que cada grupo Renacer sea un nodo y que todos los grupos puedan estar comunicados entre sí, permitiendo coordinar las diferentes tareas y haciendo mas eficientes los esfuerzos sin perder las facultades de la autogestión. Hay una frase que dice “Hasta los anarquistas necesitan organizarse” y creo que nosotros también.

Para llevar a cabo esta tarea es necesario actualizar la información de cada grupo  para lo cual en la sección direcciones del sitio en Internet del Grupo Renacer se habilitó una sección para la carga de datos.

Deseo que podamos desarrollar propuestas en el Encuentro por el 25 aniversario del Grupo Renacer el 8, 9 y 10 de noviembre de 2013 en Huerta Grande y luego difundirlas para los grupos que no puedan estar presentes.”

                                                                                   Juan Francolino

 

 

                            Ana y Enrique

 

          De Renacer Congreso- Montevideo Uruguay

 

                 “Por la esencia de Renacer”

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22-02-2013
Cómo transitar el camino que ofrece Renacer
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Cómo transitar el camino que ofrece Renacer

           Nuestro grupo, al principio se llamó de autoayuda, pero, prontamente, nos dimos cuenta que no era de autoayuda, que puede conseguirse con un libro, sino que es un grupo de Ayuda Mutua, la que no se concibe sin la presencia del otro.

            Quizás haya una pregunta que puede haber estado gestándose en ustedes: ¿cómo hago para transitar el camino que Renacer me ofrece?

           Pues bien, el camino que ofrece Renacer tiene ojos, voz y rostro: es el hermano que sufre y está frente a nosotros, pues si todo mi dolor sirve para que un hermano sufra menos, entonces, nuestro dolor habrá valido la pena de ser vivido.

           Como dice Víctor Frankl: “El hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar  un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

            Debemos, entonces, revalorizar al otro, cuidar al otro, porque en el otro está el amor que yo estoy brindando por mi hijo, que a su vez, el otro tomará, lo que llamamos un préstamo para devolverlo, dándolo a quien lo esté  necesitando, no a nosotros, y así se forma una cadena o un círculo de amor perfecto

            La pregunta que aparece ahora es ¿cómo, si el que sufre soy yo, puedo  desapegarme de mi sufrimiento? ¿Cómo puedo trascender mi yo psicológico? Ciertamente que esto es imposible en la medida en que el ser sufriente permanezca aislado, experimentando el sufrimiento como existente en él mismo, únicamente en él.

            Solamente si podemos ver  al sufrimiento como un fenómeno propio de ser humanos y dejamos vibrar el corazón en resonancia con otro corazón sufriente, sólo, como decía Unamuno, si “Al oír un grito de dolor a mi hermano, mi propio dolor se despierta y grita en el fondo de mi conciencia”, es decir, merced a uno de los fenómenos humanos por excelencia: el servicio por el amor y a través de él la Ayuda Mutua. 

           Para llevar a cabo esta tarea se debe comenzar por aprender una manera de comunicación que parta desde lo mejor de cada uno hacia lo mejor del otro y aprender en ese proceso, a ver al otro como aquel para quién yo soy el otro.

           Y lo mejor de cada uno, es el amor que aún tenemos, por nuestros hijos, por la vida, por Dios o por uno mismo, puesto que si los corazones estuviesen secos, sin nada de amor, nadie estaría en grupo alguno.

           Debemos darnos cuenta que no puede existir grupo de Ayuda Mutua alguno sin la presencia del hermano que sufre, ¿qué clase de grupo sería si yo fuese el único integrante?

           Es entonces, a través de ese amor por el hermano que sufre y que está frente a mí, que podemos darnos cuenta que, en homenaje a nuestros hijos, hemos comenzado a reemplazar el dolor y la desesperación por amor.

            Según Elizabeth Lukas “toda persona, aunque psíquicamente sea sumamente acorralada, podrá salvar su alma por la entrega de un poco de amor” ´

           El amor es humilde, es desapego y es autorrenuncia, y estas tres características humanas han estado eventualmente ocultas, o aún ausentes en la existencia de muchos de los integrantes de los grupos, y las tres son fenómenos que reflejan la autotrascendencia humana.

           El amor por nuestros hijos debe ser el que, lentamente, vaya ganando terreno al dolor, por eso hablamos de que el dolor va cediendo, pero será en la medida en que, como siempre decimos, debemos ejercer la autorrenuncia, cuando entramos a un grupo como Renacer que nos muestra ese camino.

           El grupo se debe, por encima de todas las cosas, a los padres nuevos y a los que más sufren. Para hacerlo propone una tarea basada en la autotrascendencia, el sacrificio y la autorrenuncia.

           ¿Por qué la autorrenuncia?

           Significa un gran desafío, renunciar a muchas cosas, pero, por sobre todo, significa renunciar a mis emociones que son encontradas, violentas, opuestas, renuncio al dolor desesperado.

           Para que haya un acto de renuncia, sólo puede renunciarse a algo por algo más elevado, algo que de por sí, dé un sentido a esa renuncia y esto es el amor por los hijos, por los hijos que no están, por los hijos que están que nos reclaman, por la vida y por nosotros mismos. 

           Pero esta demanda que recae sobre nuestros hombros no queda sin recompensa, puesto que mientras más renunciamos a nosotros, mientras más nos olvidamos de nosotros y nuestras emociones, más cerca estamos de nuestra esencia, de aquello que verdaderamente somos: Seres Humanos; hemos así recorrido el camino ético que Renacer propone, el camino que nos lleva a nosotros, a vivir moral y éticamente.     

              No voy a ir al grupo a sentarme a llorar por lo mal que me siento, voy al grupo a buscar de qué manera puedo ayudar a ese papá que está frente mío, a quien yo necesito.

              Si yo lo único que hago es mirarme el ombligo, no lo voy a poder mirar a los ojos a ese papá y cuando yo miro a los ojos a ese papá, me dice, “no me abandones”, porque yo estoy igual que tú y te necesito, pero, si a ese “no me abandones” del otro, no le respondo ¿estoy siendo una persona moral?          

            Pueden ver ustedes como el grupo entra a moverse en la dimensión de lo moral y cuando nos movemos en la dimensión de lo moral, la dimensión de lo psicológico queda afuera, no existe, estamos en una dimensión superior, en un plano superior a lo psicológico.

            Después de todo, no somos lo que recibimos de la vida sino lo que devolvemos a ella Y hemos decidido devolver una obra de amor porque en ella está el recuerdo y la memoria de nuestros hijos, los que partieron y los que aún están.

           Estamos en Renacer no solamente porque hayamos perdido un hijo, estamos en Renacer porque queremos aprender a vivir de una manera que incluya amorosamente a nuestros hijos, que recupere el recuerdo amoroso de nuestros hijos sin lágrimas, que podamos hablar de ellos sin lágrimas, para que cuando nos toque partir no nos haya quedado nada sin hacer, no nos haya quedado amor por dar.

           Nuestros hijos se van dejando tras de sí un mensaje; un mensaje de infinito amor y ese mensaje de infinito amor es lo que nosotros tenemos que dar por ellos.

           Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. 

           Este transitar del ser para sí mismo a un ser para otro, une al hombre con su trascendencia, permite el salto a la trascendencia y lo hace a través de su elección, que, de esta manera, se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.

           Renacer ofrece  el camino para llegar al encuentro con ese otro que reclama ayuda, que sólo un igual puede brindarle, y en el servicio el ser doliente encuentra sentido a su tragedia y merced a este encuentro, ambos, ayudador y ayudado, logran elevar la mirada y dirigirla hacia el mundo, en vez de pensar cada uno en su propio problema, juntos habrán alcanzado la autotrascendencia en su modalidad más noble: por la renuncia a su propio dolor.

           Cuanto más pronto yo  considere qué piensa y siente el otro, mejor me voy a sentir yo. No me voy a sentir bien por una varita mágica que me toque y me diga a partir de ahora ya todo va a  estar bien, no, no es así,  es el esfuerzo de ir construyendo, día a día, ese puente que me va a llevar, otra vez, a la vida plena, al renunciar a mi dolor desesperado y es a ese dolor desesperado al que yo renuncio, no a la nostalgia de su ausencia.

 

                                                                     Alica Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                             bertilogoterapia@gmail.com  

 

                                                                         Viernes 27 de septiembre de 2013

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22-02-2013
El dolor trae consigo una enseñanza
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

El dolor trae consigo una enseñanza

 

             Todos nacemos para morir. Es un  hecho de la vida, una etapa que se debe cumplir en el ciclo de todo ser viviente y, sin embargo, habitamos en una sociedad  que sobrevaloriza los logros materiales, olvidando los espirituales, que valoriza "una eterna juventud" sobre el deterioro natural y el envejecimiento, donde la muerte es una derrota.

            Consecuentemente, la ignoramos, la olvidamos, vivimos cada día de nuestra vida en su total negación,  como seres inmortales, pero un día la muerte llega a nuestro hogar como un huésped no invitado que deja vacía una habitación de la casa y un lugar en la mesa familiar, que hace tambalear con su sola presencia las estructuras más íntimas del pensamiento y de la vida misma.

            Está allí, para quedarse, y no la conocemos; y, sin embargo,  es en la muerte donde hallaremos la clave de nuestra propia existencia, el sentido de la vida misma.

            A veces la muerte llega a través de un lento y doloroso proceso, otras brutal y repentinamente, pero llega y nos demuestra, impiadosamente, que no somos dueños de nuestras vidas, nos hace sentir dolorosamente vulnerables y nos advierte sobre nuestra finitud, pero no estamos preparados para ello.

            Ante la partida de un hijo -a quien difícilmente estaremos preparados para despedir- el dolor es demasiado intenso, desconocido; pareciera que la vida no debería continuar, que el tiempo en su eterno fluir se hubiera detenido en un punto en el espacio, un punto de total incredulidad e irrealidad.

            Nadie sabe qué decirnos; todos escapan ante una realidad que no conocen, que siempre han ignorado y que no saben manejar.

            No puede ser, nos repetimos una y mil veces y, sin embargo, es; y debemos seguir viviendo; pero ¿cómo?, nos preguntamos una y otra vez.

           Debemos captar el mensaje de infinito amor que nuestros hijos al partir nos dejaron y que los hijos que quedan nos recuerdan cada día: dar amor, sólo amor.

           Debemos aprender que todo dolor trae consigo una enseñanza y puede llegar a ser una experiencia regeneradora, es moviéndonos a través del amor, que lograremos llegar más allá de él, más allá de lo inmediato, más allá del materialismo limitante; rescatando de un rincón del corazón los olvidados valores espirituales del hombre, que son los únicos que pueden salvarnos de una vida sin sentido, de una muerte en vida.             

           Debemos recomenzar, es como renacer de las cenizas.

            Entonces la muerte de nuestros hijos no habrá sido estéril, porque es a través de su partida que el verdadero sentido de la vida se comprende; como un tiempo precioso y finito que debemos vivir al máximo, pero de otra manera.

            Son profundas y consoladoras las palabras de la psiquiatra suizo-norteamericana Elisabeth Kübler Ross; "Todas nuestras investigaciones sobre la vida después de la muerte han revelado, más allá de toda duda, que aquellos que realizan la transición están aún más vivos, amorosamente rodeados de un amor incondicional y una belleza más allá de lo que nosotros podemos imaginar. Ellos no están realmente muertos, solamente nos han precedido en el viaje de la evolución en el que todos nos hallamos embarcados; ellos están con los seres queridos que los han precedido en la muerte, con sus ángeles guardianes, en el reino del amor y la compasión total."

           La muerte no marca el fin de todo, es sólo una necesaria etapa en la evolución espiritual del hombre, es una parte integral de la vida, la que nos marca el límite de nuestra existencia terrena y nos enseña a apreciarla en su verdadera dimensión para vivirla totalmente, rescatando esa olvidada espiritualidad en nuestro diario vivir para saber prepararnos para que, en el momento de realizar nosotros la transición, saber que no hemos dejado cosas por hacer y en el instante de dejar el capullo, para volar libres de regreso a casa, sepamos que hemos comprendido el mensaje de nuestros hijos, porque hemos dado todo el amor de que fuimos capaces.

               Son nuestros hijos los maestros del verdadero y desinteresado amor y este sentimiento no tiene reclamos ni expectativas, ni siquiera necesita de una presencia física.

           Cuando hayamos encontrado la paz y la aceptación, habremos de trasmitirla a los demás, a los que la necesitan, a los que sufren, a los que aún viven en la oscuridad de la desesperanza y la rebeldía.

 

                                                                                    Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                            bertilogoterapia@gmail.com

 

                                              Viernes 29 de agosto de 2013

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22-02-2013
Porqué no fomentamos la catarsis en Renacer
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Porqué no fomentamos la catarsis en Renacer

 

         Es común oír decir, que si se reprime el llanto u otras emociones, eventualmente, se ha de sufrir por no poder exteriorizarlos.

         Los psicólogos nos dicen “si no me lo saco de adentro, se convierten en fantasmas que me persiguen y nunca voy a poder superar.”

         ¡Esto no es  verdad!

         En Renacer debemos  nadar contra la corriente.

         Tanto la psicología como la psiquiatría, frente a quien sufre, se preocupan, habitualmente, por analizar las emociones; asísurgesu tendencia aocultarfarmacológicamente ytratar el miedo, la ira, la culpa, etc., llegando incluso para amenguar estas emociones a proporcionar a sus “pacientes”  una manguera para golpear un colchón, una guía de teléfonos para romper, una habitación a prueba de ruidos para gritar o, en otros casos, se trata mediante psicoterapia.

         En Renacer, luego de trabajar los primeros tiempos con la idea que los padres debían pasar por una etapa de catarsis, pensando que ésta les traería más tranquilidad y estabilidad para considerar lo que el grupo proponía, pronto nos dimos cuenta que no era así, pues al revivir  sus experiencias, a través de los  relatos dolorosos, el estado emocional del momento, les impedía ver el nuevo enfoque que el grupo les presentaba.

         Para nosotros había una cosa cierta: no íbamos a ser un grupo de llorones, por el contrario, nos juntábamos para ver cómo podíamos encontrar un sentido, un significado a esto que nos pasó.

         Entonces, comenzamos a trabajar de esta otra manera obteniendo mejores resultados, tanto por parte de los padres que recién ingresaban, como por parte de todos los demás, al no decaer las reuniones por relatos dolorosos.

         Es necesario aclarar al respecto, que lo correcto es decir que no fomentamos la catarsis, no que no la permitimos; en muchas ocasiones se nos ha preguntado porqué no prestamos atención a la catarsis en nuestros grupos.

         Tanto para quienes la catarsis significa dar curso a la elaboración de sentimientos, como para quienes significa que las emociones afloren y puedan expresarse, la respuesta en ambos casos, es la misma: la fuerza del amor y la paz reinante en las reuniones del grupo hacen inútiles el tratamiento del odio, la cólera, la bronca, dado que con el tiempo las personas aprenden a desapegarse no sólo de sus emociones, sino de las emociones de los demás, no en el sentido de no preocuparse por dicho sufrimiento, sino en el sentido de no identificarse con él.

         Si las expresiones de pesar son fomentadas inadecuadamente, se puede llegar a lo que Elisabeth Lukas denomina “estados de lamento continuo”, pues quien sobredimensiona el motivo del lamento, atrae toda la concentración sobre sí, acrecienta su dolor,  se siente cada vez peor, se  ahoga en su pena y  la familia y la sociedad no lo toleran más y lo abandonan.

         Cuando los padres se acercan al grupo todos sabemos porqué lo hacen, han perdido uno o más hijos y no quieren seguir viviendo como lo están haciendo hasta ese momento.

         No es necesario pues que nadie se extienda en los detalles de la partida del hijo ni todo lo que ella involucra, por el contrario, hemos notado que cuanto menos tiempo se emplee en esta etapa, más rápidamente es la recuperación, ya que partimos de la base de que Renacer nos agrupa sin tener en cuenta la forma en que nuestros hijos se van, ya que todas las formas son trágicas.

         Según Vìctor Frankl, toda manifestación de pesar sólo tiene sentido si es buena para la persona, es buena para los que la rodean y es buena para la vida misma.         

         Si se prioriza el estudio de las propias emociones, los grupos terminan convirtiéndose en grupos de autoobsevación y autorreflexión, con la tendencia natural, propia de estos grupos, a poner énfasis en los aspectos negativos de la vida pasada, al respecto, Elizabeth Lukas nos dice: "De ningún otro modo sabremos tan poco de nosotros mismos, que por la autoobservación y la autorreflexión…”

         Ustedes habrán visto personas que tienen 20 – 30 – 35 años de duelo que tienen un rostro que da terror, que no hablan con nadie, que no salen de sus casas, que se han vuelto, realmente, pickles en vinagre.

         Ese no es el camino; el camino es el camino del cambio existencial, poniendo en el platillo de la balanza las mejores cosas.

         Cualquier palabra de aliento que tengamos para alguien que sufre o para una persona que lo necesite, una sonrisa, un gesto, una atención cariñosa, con cada acción de bien que hagamos nosotros agrandamos existencialmente el valor de nuestros hijos.

         Con cada una de estos actos la dimensión existencial de los hijos crece y lo estamos haciendo a raíz de su partida, no antes.

         Aunque hayamos sido de esa manera antes, ahora tiene una calidad agregada, ahora uno se da cuenta que cuando se tiene un gesto así, se tiene de corazón, no se tiene por compromiso, no, no es como antes.

         Esta es una manera de recordar a un hijo y hacer que la vida de ese hijo, no importa cuan pequeña o dolorosa haya sido, adquiere más valor con cada gesto nuestro, con cada actitud nuestra,  cuando nace del corazón.

         Como decía la Madre Teresa cuando le preguntaron un día, ¿pero hasta cuando hay que dar? Y ella dijo: “Hay que dar… dar… dar… hasta que duela y después seguir dando.”

         ¡Ése es el camino de Renacer!

         Tenemos un porqué dar y tenemos un por quien dar.

 

                                                 Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                            bertilogoterapia@gmail.com

 

                                              Viernes 26 de julio de 2013

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22-02-2013
Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida y la manera en que la vivimos
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos:

nuestra propia vida  y la manera en que la vivimos

 

           Como lo hemos dicho tantas veces, se podría ver a Renacer, de dos maneras:

               A)    Se puede ver a Renacer como un lugar a donde los padres van a que les pongan un brazoen el hombro y les digan “Pobrecito. yo también perdí un hijo”. 

           Ahí está latente la figura del intermediario, el intermediario que va tener poder sobre ese papá, porque los papás doloridos y sufrientes muy recientes, son muy susceptibles al control por otras personas, entonces, ahí va a aparecer el maldito enanito del poder y les va a decir: tú tienes que hacer esto o tú tienes que hacer esto otro.

B)    Se puede ver a Renacer como el lugar a donde los padres van a dar

algo en homenaje a sus hijos y lo deciden ellos mismos, entonces, no hay intermediarios, no hay poder sobre los papás, ningún coordinador les va a decir que para estar bien tienen que hacer tal cosa; cada papá va a elegir el propio homenaje y lo va a elegir en libertad.

           Son dos renaceres distintos y nosotros empezamos a preguntarle a la gente ¿a cuál Renacer le gustaría pertenecer?, ¿al primer Renacer, al que vamos para que nos pasen un brazo  por el hombro y nos digan pobrecitos, o hacer de nuestro Renacer un lugar al cual nosotros vamos a hacer algo o a dar algo de nosotros en homenaje a nuestros hijos?

           ¿Nos quedaríamos solamente con el primero?

           Muchas, muchísimas personas empezaron ver a Renacer como un lugar a donde iban a dar algo de ellos mismos en homenaje a sus hijos, entonces, se plantearon de inmediato una pregunta: ¿qué es lo que vamos a dar en homenaje a nuestros hijos?

           Daremos lo mejor de nosotros mismos, pues ¿quién quiere ir a dar llanto, quién quiere ir a dar pena en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar miseria en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar odio en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar bronca en homenaje a un hijo?

           Entonces, nos dimos cuenta que Renacer se había ido transformando, solito, en el segundo Renacer, por propia voluntad de la vida y por propia decisión de los padres.

           Si tuviésemos que elegir uno de los dos ¿cuál de los dos elegimos?

           Esa es la responsabilidad. 

           Desde hace mucho tiempo, decimos que los grupos no pueden imponer valores a los padres, pero nos escuchan hablar de un valor fundamental para todos nosotros, cual es la responsabilidad, la responsabilidad por nuestra propia vida, ustedes podrían decirnos, ¿cómo? nos dicen que los grupos no imponen valores, sin embargo hablan de la responsabilidad en un tono tan enérgico que hasta parece impositivo.  

           Veamos: la responsabilidad tiene la característica de ser un valor neutro, pues todos los hombres somos responsables por lo que hacemos y cada uno, en soledad, es libre de elegir ante quien es responsable, si es responsable ante Jesús, si es responsable ante Mahoma, si es responsable ante Buda, si es responsable ante su hijo, si es responsable ante la sociedad o si es responsable ante sí mismo, pero Renacer jamás le va a decir a un papá  ante quien tiene que ser responsable; hasta ahí llega, jamás hemos impuesto un valor.

           Nos resistimos a que alguien le diga a un papá este libro no se puede leer, porque no estamos de acuerdo con ese libro; no lo vamos a decir nunca, porque Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que cada uno comprenda que vivir su vida, tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

           Y fieles y consecuentes con el pensamiento de Víctor Frankl, hasta ahí llegamos y ahí nos paramos,          

            Entonces, como los grupos no pueden imponer valores, como nadie puede imponerle valores a otro padre, dejemos que cada uno elija esos valores.

           Dentro de un lenguaje común, nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida  y la manera en que la vivimos.

           A partir de ahí, el homenaje al hijo no lo hacemos solamente en Renacer, lo hacemos con nuestra vida diaria, porque si yo voy a salir a la calle, y todos los días de mi vida, voy a dar odio, voy a tener un comportamiento erróneo con la gente, si alguien me pide una mano, yo se la niego, ese también es el homenaje a mi hijo.

           Así para hacerle un homenaje al hijo, no es necesaria la presencia de ninguna persona de ningún papá que esté coordinando un grupo, de ninguna persona que me diga lo que yo tengo que hacer.

           Este es uno de los aspectos más importantes y quizá más olvidados de esta tarea de Ayuda Mutua: los grupos no pueden imponer valores a sus integrantes.

           Cuanto más pueden capacitarlos para reconocer los valores que existen en la vida y acompañarlos en el proceso de elección subsiguiente.

            Y en ese "acompañarlos"  está implícito el hecho irrefutable que los valores no pueden ser enseñados, sólo pueden ser vividos, de una manera tal, que otros deseen tomarlos como propios.

           Cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, entonces, no hay conflictos interpersonales, ya no tiene porqué molestarme aquella persona, aquel señor o aquella señora que me dice: tú tienes que hacer esto o aquello, porque, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo.

           Eso solucionó dos problemas: por un lado solucionó el problema de cuales eran los homenajes que uno puede hacer a los hijos, absolutamente únicos, absolutamente individuales y, por otro lado, pueden ser hechos sin ser impuestos por ninguna otra persona.

            De esta manera, establecemos las bases que sirven para acá a cincuenta, cien y más  años, cuando ninguno de nosotros estemos.

           Renacer es un movimiento abierto, que se adecua a las necesidades de cada uno de los padres.

           Está en nosotros recibir las herramientas que Renacer nos ofrece, porque cuando nosotros llegamos a Renacer, estamos desorientados, tristes y sin ganas de vivir y lo único que nos quedaba es pensar que queremos partir junto a nuestros hijos, pero resulta que llegamos a esta familia de Renacer y nos dan amor, nos dan un abrazo, nos dicen cosas que nos llegan muy profundo y ahí, sin querer, vamos recibiendo como el carpintero o electricista, las herramientas para trabajar sobre nuestra propia vida, porque el mensaje de Renacer es como el agua mansa que fertiliza los campos y cuanto más pronto el padre trascienda su propio sufrimiento, más pronto logrará tomar responsabilidad por su propia vida y en cuanto cambie su vida, será el resultado de haber aprendido a continuar con firmeza y dignidad en esta empresa de vivir la propia vida, tal y como nos ha sido dada.

           Ya no puedo deslindar responsabilidades en otras personas, entonces, por primera vez, tenemos que asumir la responsabilidad por nuestra vida y tenemos que asumirla y si lo que hacemos no sirve, no es culpa de nuestros hijos, es decisión nuestra, yo he decidido actuar de esta manera, no mi hijo.

           Yo no actúo de determinada manera porque haya perdido un hijo, actúo de esa manera, porque habiendo perdido un hijo, elijo actuar así.

           De esta manera, no se imponen valores y cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo, de acuerdo a los valores que me inspira mi conciencia.

          Renacer es una actitud frente a la vida, en cada momento y en cada una de las actividades que realicemos; si lo que nosotros elegimos para la vida es una actitud de amor, les podemos asegurar que nunca nos vamos a equivocar.

                    

                                             Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                bertilogoterapia@gmail.com 

                                                   Viernes 28 de  junio de 2013

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22-02-2013
Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida y la manera en que la vivimos
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos:

nuestra propia vida  y la manera en que la vivimos

 

           Como lo hemos dicho tantas veces, se podría ver a Renacer, de dos maneras:

A)    Se puede ver a Renacer como un lugar a donde los padres van a que les pongan un brazo

en el hombro y les digan “Pobrecito. yo también perdí un hijo”. 

           Ahí está latente la figura del intermediario, el intermediario que va tener poder sobre ese papá, porque los papás doloridos y sufrientes muy recientes, son muy susceptibles al control por otras personas, entonces, ahí va a aparecer el maldito enanito del poder y les va a decir: tú tienes que hacer esto o tú tienes que hacer esto otro.

B)    Se puede ver a Renacer como el lugar a donde los padres van a dar algo en homenaje

a sus hijos y lo deciden ellos mismos, entonces, no hay intermediarios, no hay poder sobre los papás, ningún coordinador les va a decir que para estar bien tienen que hacer tal cosa; cada papá va a elegir el propio homenaje y lo va a elegir en libertad.

           Son dos renaceres distintos y nosotros empezamos a preguntarle a la gente ¿a cuál Renacer le gustaría pertenecer?, ¿al primer Renacer, al que vamos para que nos pasen un brazo  por el hombro y nos digan pobrecitos, o hacer de nuestro Renacer un lugar al cual nosotros vamos a hacer algo o a dar algo de nosotros en homenaje a nuestros hijos?

           ¿Nos quedaríamos solamente con el primero?

           Muchas, muchísimas personas empezaron ver a Renacer como un lugar a donde iban a dar algo de ellos mismos en homenaje a sus hijos, entonces, se plantearon de inmediato una pregunta: ¿qué es lo que vamos a dar en homenaje a nuestros hijos?

           Daremos lo mejor de nosotros mismos, pues ¿quién quiere ir a dar llanto, quién quiere ir a dar pena en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar miseria en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar odio en homenaje a un hijo? ¿quién quiere ir a dar bronca en homenaje a un hijo?

           Entonces, nos dimos cuenta que Renacer se había ido transformando, solito, en el segundo Renacer, por propia voluntad de la vida y por propia decisión de los padres.

           Si tuviésemos que elegir uno de los dos ¿cuál de los dos elegimos?

           Esa es la responsabilidad. 

           Desde hace mucho tiempo, decimos que los grupos no pueden imponer valores a los padres, pero nos escuchan hablar de un valor fundamental para todos nosotros, cual es la responsabilidad, la responsabilidad por nuestra propia vida, ustedes podrían decirnos, ¿cómo? nos dicen que los grupos no imponen valores, sin embargo hablan de la responsabilidad en un tono tan enérgico que hasta parece impositivo.  

           Veamos: la responsabilidad tiene la característica de ser un valor neutro, pues todos los hombres somos responsables por lo que hacemos y cada uno, en soledad, es libre de elegir ante quien es responsable, si es responsable ante Jesús, si es responsable ante Mahoma, si es responsable ante Buda, si es responsable ante su hijo, si es responsable ante la sociedad o si es responsable ante sí mismo, pero Renacer jamás le va a decir a un papá  ante quien tiene que ser responsable; hasta ahí llega, jamás hemos impuesto un valor.

           Nos resistimos a que alguien le diga a un papá este libro no se puede leer, porque no estamos de acuerdo con ese libro; no lo vamos a decir nunca, porque Renacer acompaña a los papás y a las mamás hasta que cada uno comprenda que vivir su vida, tal como le es dada, es su propia responsabilidad.

           Y fieles y consecuentes con el pensamiento de Víctor Frankl, hasta ahí llegamos y ahí nos paramos,          

            Entonces, como los grupos no pueden imponer valores, como nadie puede imponerle valores a otro padre, dejemos que cada uno elija esos valores.

           Dentro de un lenguaje común, nosotros tenemos una sola cosa para hacerle un homenaje a nuestros hijos: nuestra propia vida  y la manera en que la vivimos.

           A partir de ahí, el homenaje al hijo no lo hacemos solamente en Renacer, lo hacemos con nuestra vida diaria, porque si yo voy a salir a la calle, y todos los días de mi vida, voy a dar odio, voy a tener un comportamiento erróneo con la gente, si alguien me pide una mano, yo se la niego, ese también es el homenaje a mi hijo.

           Así para hacerle un homenaje al hijo, no es necesaria la presencia de ninguna persona de ningún papá que esté coordinando un grupo, de ninguna persona que me diga lo que yo tengo que hacer.

           Este es uno de los aspectos más importantes y quizá más olvidados de esta tarea de Ayuda Mutua: los grupos no pueden imponer valores a sus integrantes.

           Cuanto más pueden capacitarlos para reconocer los valores que existen en la vida y acompañarlos en el proceso de elección subsiguiente.

            Y en ese "acompañarlos"  está implícito el hecho irrefutable que los valores no pueden ser enseñados, sólo pueden ser vividos, de una manera tal, que otros deseen tomarlos como propios.

           Cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, entonces, no hay conflictos interpersonales, ya no tiene porqué molestarme aquella persona, aquel señor o aquella señora que me dice: tú tienes que hacer esto o aquello, porque, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo.

           Eso solucionó dos problemas: por un lado solucionó el problema de cuales eran los homenajes que uno puede hacer a los hijos, absolutamente únicos, absolutamente individuales y, por otro lado, pueden ser hechos sin ser impuestos por ninguna otra persona.

            De esta manera, establecemos las bases que sirven para acá a cincuenta, cien y más  años, cuando ninguno de nosotros estemos.

           Renacer es un movimiento abierto, que se adecua a las necesidades de cada uno de los padres.

           Está en nosotros recibir las herramientas que Renacer nos ofrece, porque cuando nosotros llegamos a Renacer, estamos desorientados, tristes y sin ganas de vivir y lo único que nos quedaba es pensar que queremos partir junto a nuestros hijos, pero resulta que llegamos a esta familia de Renacer y nos dan amor, nos dan un abrazo, nos dicen cosas que nos llegan muy profundo y ahí, sin querer, vamos recibiendo como el carpintero o electricista, las herramientas para trabajar sobre nuestra propia vida, porque el mensaje de Renacer es como el agua mansa que fertiliza los campos y cuanto más pronto el padre trascienda su propio sufrimiento, más pronto logrará tomar responsabilidad por su propia vida y en cuanto cambie su vida, será el resultado de haber aprendido a continuar con firmeza y dignidad en esta empresa de vivir la propia vida, tal y como nos ha sido dada.

           Ya no puedo deslindar responsabilidades en otras personas, entonces, por primera vez, tenemos que asumir la responsabilidad por nuestra vida y tenemos que asumirla y si lo que hacemos no sirve, no es culpa de nuestros hijos, es decisión nuestra, yo he decidido actuar de esta manera, no mi hijo.

           Yo no actúo de determinada manera porque haya perdido un hijo, actúo de esa manera, porque habiendo perdido un hijo, elijo actuar así.

           De esta manera, no se imponen valores y cada uno es libre de hacer lo que quiere y eso que quiere lo hace en homenaje a su hijo, en última instancia, yo hago lo que yo quiero en homenaje a mi hijo, pero con el pleno convencimiento de que soy responsable por lo que hago, yo y solamente yo, de acuerdo a los valores que me inspira mi conciencia.

          Renacer es una actitud frente a la vida, en cada momento y en cada una de las actividades que realicemos; si lo que nosotros elegimos para la vida es una actitud de amor, les podemos asegurar que nunca nos vamos a equivocar.

                    

                                             Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                bertilogoterapia@gmail.com 

                                                   Viernes 28 de  junio de 2013

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22-02-2013
El poder de transformación
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

El poder de transformación

            En la misma naturaleza tenemos ejemplos del poder de transformación, entre otros, es el caso del carbón que se pule hasta obtener el más fino diamante o la oruga, que  de una existencia pequeña, en el momento exacto, despliega sus alas de mariposa para volar libre.

            El hombre, como parte integral de la naturaleza cambiante y rica en matices y expresiones, también tiene esa capacidad de transformación.

            El simbolismo de algo que se transforma en más valioso, ha acompañado a la historia de la humanidad y fue comprendido y  ricamente utilizado y descrito en la antigüedad por todas  las religiones, y por todos los mitos religiosos, como lo es el pedazo de barro que se convierte en el primer hombre, el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo

            Esta es una capacidad que hoy se aprovecha de manera insuficiente, pues una psiquiatría  y ciencias muy deterministas ayudaron  para dejarla caer en el camino.

            Los padres que se acercan a Renacer, lo hacen, en realidad, no sólo porque han perdido un hijo, sino porque habiéndolo perdido no quieren seguir viviendo como lo están haciendo y enfrentados a una conmoción existencial, se debaten en el mar embravecido de sus emociones sin comprender el propósito último de este momento de dolor e incertidumbre,

            Deben seguir viviendo; pero ¿cómo?, se preguntan una y otra vez.

            Para Elisabeth Lukas todo dolor trae consigo una enseñanza y puede llegar a ser una experiencia regeneradora ycitando a  Karl Jaspers dice que con su fuerza más potente, “lo trágico” se muestra como desencadenante de conmociones existenciales con un gran poder para la transformación y no sólo acontece en los sucesos externos sino en la profundidad del ser humano.

           Es decir, que el hombre no sólo puede cambiar el mundo que lo rodea, sino que puede cambiarse a sí mismo y emerger desde el abismo de lo que le sucede, hacia las alturas de lo que comienza a descubrir, hacia el fundamento  de su ser, pues en lo trágico acontece el trascender hacia el “fundamento de las cosas”.  

           El hombre puede elevarse por encima de sus condicionamientos físicos y psíquicos, más allá aún de toda experiencia previa y emerger libre, viéndose a sí mismo por primera vez, con los ojos despojados del espíritu, donde mora su conciencia y comenzar a construir de la nada.

            Pero podemos observar también, seres que se quedan anclados en el pasado, en el “si hubiera sabido”…, “si no hubiera dicho”…, “si hubiera actuado de otra forma”…, etc., no progresan en el camino de regreso a una vida plena. La pérdida se hace así atemporal, en 10, 20 años todo es igual que hoy. Aún varios años después esas personas al hablar de sus hijos sus ojos se llenarán de lágrimas, y volverán a narrar en todo detalle el día fatídico en que el hijo fue arrancado de sus vidas, exactamente cómo todo ocurrió.

            También observamos a aquellos padres que más que llorar por la ausencia del hijo, por el dolor que les produce su partida, centran sus energías en reñir con el destino, “por qué justo a él o a ella”, o “por qué de esa manera”, “por qué ellos que siempre fueron buenos y dadivosos”, etc. Ante estas preguntas o quejas sin pronta respuestas, estos padres mantienen una herida abierta por espacios prolongados de tiempo, muchas veces de por vida.

            Ustedes habrán visto personas que tienen 20 – 30 – 35 años de duelo que tienen un rostro que da terror, que no hablan con nadie, que no salen de sus casas, que se han vuelto, realmente, muertos en vida.

            Tengamos 30 años, tengamos 40 años, tengamos 50 años, tengamos la edad que tengamos, se nos presenta una nueva oportunidad en la vida: vamos a ser una nueva persona; la persona que éramos antes ya no lo somos, haya sido buena, haya sido mala, haya sido perfecta, haya sido como haya sido, ya no lo somos más, somos una persona en blanco, pero tenemos la posibilidad de elegir lo que queremos ser y eso no solamente es un  desafío, sino que es una aventura.

            Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos en ese camino entre lo mejor y lo peor, porque podemos decidir, podemos elegir, no somos bebés recién nacidos, comenzamos una nueva vida pero ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decir que es lo que queremos ser, a través de esa transformación interior.

            Cualquier palabra de aliento que tengamos para alguien que sufre, para una persona que lo necesite, una sonrisa, un gesto, una atención cariñosa, con cada acción de bien que hagamos nosotros agrandamos existencialmente el valor de nuestros hijos.

             Aunque hayamos sido de esa manera antes, ahora tiene una calidad agregada, hay algo agregado, ahora uno se da cuenta que cuando tiene un gesto así, lo tiene de corazón, no lo tiene por compromiso.

             Esa es una manera de recordar a un hijo y hacer que la vida de ese hijo, no importa cuan pequeña haya sido ni cuan dolorosa haya sido, adquiere más valor con cada gesto nuestro, con cada actitud nuestra que nace del corazón.

            Otro camino nosotros no conocemos.

             El camino que hemos mostrado es el camino de la plenitud existencial, es el camino en el que uno considera que la vida vale la pena ser vivida.

             Apelar al poder de transformación inherente al ser humano, que muchas veces yace dormido en su interior, dando a los padres la idea de que pueden elegir, es la forma más rápida y segura de arrancar a un papá del círculo de dolor, culpa, bronca y tanta emoción encontrada y dañina de los primeros, o de años de mal vivir sin encontrar el camino.

            Es ayudarlo a ver o intuir la luz del sentido más allá de las lágrimas asumiendo responsabilidad por su vida y lo que le toca vivir.

            Entonces, la muerte de un hijo no va a ser en vano,  esos hijos van a ser estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos, son pocas las veces en que la vida da

 segundas oportunidades.

 

                                                                         Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                                                                                       

                                                                                bertilogoterapia@gmail.com                

                                                                               Viernes 31de matyo de  2013

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22-02-2013
El Mensaje de Renacer nos da fuerza para añadir a nuestra vida un sentido más profundo
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

El Mensaje de Renacer nos da fuerza para añadir a nuestra vida un sentido más profundo

 

           El perder un hijo no puede significar para una persona nada más que destruirse y tirarse a morir en el abandono, tiene que ser un imperativo ético, tiene que ser tan importante, que nos marque el camino, que nosotros queremos seguir, en su homenaje.  

         Nació RENACER, no como una necesidad de "curar" tanto dolor, sino como un  despertar espiritual que nos llevó a ver en esta tarea un homenaje a nuestro Nicolás, homenaje que hemos querido, y siempre querremos, compartir con tantos otros padres que han decidido hacer de sus propias vidas un homenaje a esos hijos que tanto nos han marcado con su partida, siempre prematura para nosotros.

           Y ese despertar tiene un solo destino final que es el camino final de humanización, entonces, la partida de nuestros hijos no habrá sido en vano, porque  dejó en este mundo personas mucho mejores de lo que eran cuando ellos estaban con nosotros

           Trabajamos desde el inicio con el convencimiento que  existe en nosotros una  dimensión espiritual y que es, precisamente, en esa dimensión donde encontraríamos los recursos necesarios para trascender esta verdadera conmoción existencial.

           Este convencimiento surgía desde lo más profundo de nuestro ser; era un despertar a una nueva y hasta entonces desconocida dimensión de nuestro ser, un despertar favorecido y estimulado por las palabras de la Dra. Elisabeth Kübler Ross en "El gran salto hacia la luz", al expresar: "por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un  hijo puede provocar en los padres un verdadero despertar espiritual..."

           El hombre puede aceptar su destino y todo el sufrimiento que éste conlleva.

            La forma como cada uno cargue con su cruz, incluso bajo las circunstancias más difíciles, le dará la oportunidad de añadir a su vida un sentido más profundo.

             La vida, dice Víctor Frankl, no es un pergamino que deba ser leído, sino un libro que debe ser escrito, entonces, hay que escribir ese libro, hay que dejar de entretenerse en leer el pergamino del pasado, hay que decir: ¡Basta! yo no puedo cambiar lo que pasó, no puedo traer a mi hijo de vuelta.

           Tengo que mirar hacia el futuro, pues, en el fondo, la tragedia no es perder un hijo, la tragedia es perder un hijo y no aprender nada de eso, porque, entonces, su muerte fue en vano, una muerte sin sentido, una muerte absurda.

           Como padre tengo la obligación de que no sea de esa manera.

           Tengo que aprender qué es lo que puedo hacer de valioso todavía, qué es lo que puedo aprender de tanto dolor. 

           Pero solamente cada uno lo puede cambiar, solamente cada uno puede decidir qué es lo que va a aprender de esto, o si voy a llorar hasta regar las plantas del jardín, es decir, que el dolor nuestro y nuestra tragedia sea en vano y no tenga sentido por seguir mirando hacia atrás pues esto  no conduce a ningún lado, vas a quedar cristalizado como la mujer de Lot, hecha un montón de sal y el resultado final es que vamos a haber muerto con nuestro hijo y, así, habremos hecho de nuestro hijo nuestro verdugo.

           Ese mensaje, no queremos darlo y el único elemento para no darlo es mi vida y la manera en que la vivo; no tengo otra cosa, no hay otra manera.

           ¿Cómo vivo mi vida?  ¿qué es lo que hago con tanto dolor? ¿para qué sirve este dolor?

           Que nosotros sepamos, para una sola cosa, para hacerte más solidario y ayudar a otra persona a que sufra menos.

           Pero si quieres ayudar a otra persona a que sufra menos, no puedes acercarte a ayudarla y decirle yo también perdí un hijo, ¡Ah! y tengo tantas culpas y todavía no puedo tal o cual otra cosa…

           ¿Qué clase de ayuda es esa?

           Cuando uno está dispuesto a ayudar a otra persona, tiene que olvidarse de su propio dolor, tiene que decir yo sé que se puede salir adelante.

           El Mensaje de Renacer, nos da fuerza para añadir a nuestra vida un sentido más profundo, nos da una visión tan maravillosa, tan fuerte, tan sabia de la vida, que hace que no importa lo que la vida nos presente a cada instante, vamos a poder y saber enfrentarlo; esa fortaleza que uno descubre, es la que nos ayuda a seguir viviendo una vida plena de sentido, no importa lo que ocurra. 

 

                                                                   Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                     

                                                                           bertilogoterapia@gmail.com                

                                                                          Viernes 26 de abril de  2013

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22-02-2013
¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones?
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones?

 

¿Hasta cuándo?

 

    Esta es una pregunta que nos hicieron en el encuentro realizado en Buenos Aires, Avellaneda, en mayo de 2011.

    Cuando decidimos que íbamos a comenzar con Renacer, fue algo absolutamente nuevo, era una idea que no existía en los países de habla hispana.

    Teníamos muy en claro que íbamos a comenzar con un grupo de ayuda para padres; el tema era cómo hacerlo, porque no podía ser un grupo a donde iríamos a llorar nuestras pérdidas, eso ya lo habíamos hecho.

    No nos íbamos a juntar para llorar sino para tratar de encontrar un camino y una salida que nos permitiera una vida digna más allá de nuestra pérdida.

    ¿Qué hubiese pasado si cuando esos padres  venían, nosotros nos hubiéramos puesto a llorar y a contarles a ellos lo nuestro? SI los grupos Renacer fueran lugares donde vamos a llorar, con el tiempo se extinguirían.

    Nosotros en nuestro grupo, cuando iniciamos Renacer, jamás tuvimos que llorar, jamás dimos detalles de la muerte de Nicolás, a no ser que, ocasionalmente, un padre nos preguntara, por alguna razón muy puntual y se lo decíamos al pasar, porque lo más importante es que Nicolás no estaba más con nosotros.

    Así de simple.

    Desde el primer día y siempre, les preguntamos a los padres, “¿si ustedes, ahora, tuvieran que pensar en una sola palabra que definiera a sus hijos, una palabra que definiera a esos hijos que partieron. ¿Qué palabra sería esa?”

    Nos dicen: Amor… vida… esperanza… alegría… son todo…

    Entonces, ¿Por qué lloran?

    ¿Se dan cuenta? Está bien, hay un tiempo de llorar y está bien porque los extrañamos, pero luego, cuando a esos hijos que no están, los logramos definir en una palabra y decimos que son vida, son amor, son alegría, son todo, entonces, en honor y en homenaje a todos esos sentimientos, nos damos cuenta que mucho más fuerte que el dolor es el amor.

    Mucho más fuerte que el dolor por la partida de nuestros hijos – escuchen bien papás nuevos sobre todo – es el amor que por ellos tenemos; no nos reunimos por el dolor, nos reunimos por el amor.

    La pérdida de un hijo es la interrogante más importante que la vida nos ha hecho.

    Como respondamos a esta interrogante marcará la diferencia entre una vida llena de sentido o una vida sumida en la desesperanza y la tristeza.

    Si nuestra elección es la de vivir nuestra vida en homenaje a nuestros hijos los hacemos trascender en la forma en que la vivimos. 

    Nuestra elección hará la diferencia entre encontrar sentido a la partida de nuestros hijos o llorar para siempre sobre preguntas sin respuesta, permitiendo así que nuestra vida sea destruida por esa persona que tanto amamos.

    Tenemos derecho a llorar; pero tenemos que saber que el llanto, que la tristeza, que el enojo, que la ira, que la bronca, son el homenaje que estoy haciéndole a mi hijo.

    Podemos llorar sí, pero hay un tiempo para llorar, no se puede llorar eternamente, porque si se llora eternamente se destruye la familia, se alejan los amigos, lo hijos pronto se alejan también de nosotros; sería una serie de pérdidas sucesivas, no solamente la pérdida del hijo otras pérdidas que vendrán después, eso es lo que nosotros tratamos de evitar ofreciendo el camino de la ayuda mutua.

    Una reunión es como un salón de espejos donde un papá o una mamá que recién llega, puede ver los rostros y las actitudes de otras personas que han pasado por lo mismo, que inclusive sonríen.

    Entonces pueden decir: si ellos pueden yo también voy a poder.

    Ese es el mensaje, porque en el fondo la respuesta al  sufrimiento es una respuesta muda, es una respuesta de actitud, pues si mi actitud frente a la vida es valiosa, aunque sea silenciosa, otra persona la puede imitar.

    Tenemos que saber que no podemos ser juguetes de nuestros sentimientos, que no podemos simplemente decir: bueno, yo voy a llorar porque lo siento, porque estoy mal. ¡No! tenemos que decir: ¿a quien ayudo o a quien perjudico con esto que yo hago ahora?

       Desde el punto de vista del sentido de cada situación o pregunta que la vida le hace al hombre, debemos decir que toda manifestación de pesar tiene sentido si es buena para la persona, buena para los que la rodean y buena para la vida misma. Habrá entonces, situaciones en las que el lamento adquiere sentido y otras en las que es absolutamente opuesto a él.

     Por ejemplo, si un padre encuentra a un hijo que está sólo en su casa llorando la muerte de un hermano puede ser muy importante que él también llore para demostrar su sufrimiento y al mismo tiempo mostrar que el llanto no implica debilidad; por otro lado si ese mismo padre rompe en llanto por la perdida de su hijo cuando otros hijos están por salir con sus amigos, impidiendo así la salida, esa manifestación es absolutamente contraria al sentido.

    Entonces, quiere decir que una vez más nosotros estamos siempre abiertos al mundo, somos trascendentes nos debemos a los demás, sí, NOS DEBEMOS A LOS DEMÁS.

    El pensar sólo en nosotros nos hace dar vueltas sobre nosotros  mismos y no vemos el mundo que nos rodea.

    Queremos un "Renacer" que signifique para nosotros un lugar donde vamos a dar algo en homenaje a nuestros hijos.

    ¿Qué vamos a dar?

    Lo mejor nuestro, entonces, "Renacer" no puede ser un "lloratorio".

    Estas reflexiones intentan responder a la pregunta formulada en el Encuentro de Buenos Aires –Avellaneda- en mayo de 2011 donde alguien nos preguntó ¿Los papás tienen un espacio para llorar en las reuniones? ¿Hasta cuándo?

    Hemos sido claros, no es que no dejamos que las personas lo hagan, simplemente, no lo fomentamos, porque Renacer es una alternativa.

    Ustedes pueden hacer un duelo, hemos visto hacer duelo a miles de padres, en estos 24 años, hemos visto a miles de padres que han llorado años enteros y no arreglaron nada.

    El punto es que nosotros sabemos y los que preguntan, también lo saben, que eso no sirve.

    El grupo existe para mostrar algo superador, porque todos sabemos que eso no funciona, si eso funcionara, bienvenido sea, si yo pudiera aliviarme solamente llorando ¿Qué necesidad habría de un grupo?

    Entonces, Renacer va siendo algo mucho más que, simplemente, un encuentro o un lugar para ir a llorar  por lo mal que me siento luego de la pérdida de mi hijo, tampoco es que uno vaya a reprimir a los padres que manifiestan su dolor en un grupo, simplemente, vamos a mostrar que existe una alternativa superadora al duelo.

    Por eso decimos que Renacer es  un grupo de padres que “enfrentan” la pérdida de hijos, porque, si nos atenemos al significado de la palabra enfrentar, significa una actitud activa, no voy a sentarme a llorar, voy a buscar cómo puedo hacer para enfrentar esto que me toca vivir.

    Somos referentes sociales y eso quiere decir que tenemos el derecho y la responsabilidad de acercarnos a alguien que sufre para darle una palabra de aliento, porque sabemos lo que es sufrir; sabemos lo que es el dolor, sabemos lo que es el sufrimiento y la vida necesita de personas que se brinden a los demás.

    Demasiadas tragedias, demasiado dolor, demasiada injusticia, demasiada miseria hay para que nosotros tengamos una cuota vacante de amor y la tengamos guardada en un bolsillo sin darlo. Como decía la Madre Teresacuando le preguntaron un día, ¿pero hasta cuando hay que dar? Y ella dijo: “Hay que dar… dar… dar… hasta que duela y después seguir dando.”

    ¡Ése es el Mensaje de Renacer!

    A lo largo de estas líneas nos hemos acercado un nuevo camino a recorrer por los seres sufrientes; camino que partiendo de la desesperanza, de la soledad existencial y de un sufrimiento sin sentido aparente, nos conduce a una existencia valiosa, auténtica, que se afirma a sí misma en una lucha laboriosa y honesta, no para no sufrir, no para olvidarnos, sino para reafirmar nuestra firme decisión de volver a empezar una y cuantas veces sea necesario, pero haciéndolo con la frente alta como lo ha expresado Rainer Ma. Rilke: “Si el ángel se digna venir, será porque lo hayamos convocado, no con nuestras lagrimas, sino con la firme convicción de volver a empezar.”

 

                                                            Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                                                                

                                                                    bertilogoterapia@gmail.com 

                                                                  Viernes 29 de  marzo de 2013     

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22-02-2013
El sentido de la vida
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

El sentido de la vida

 

           Por la magnitud y el misterio de su naturaleza, el hombre siempre ha indagado sobre su origen y el sentido de su existencia, siendo objeto y eje de especulación filosófica, desde los comienzos de los tiempos.

           En definitiva, lo que el hombre más ansía no es

El sentido de la vida

 

           Por la magnitud y el misterio de su naturaleza, el hombre siempre ha indagado sobre su origen y el sentido de su existencia, siendo objeto y eje de especulación filosófica, desde los comienzos de los tiempos.

           En definitiva, lo que el hombre más ansía no es riqueza o poder o aun felicidad, sino ser capaz de encontrar una razón para vivir, capaz de encontrar sentido, no sólo a su destino, sino también a las posibilidades que esperan ser realizadas por él.

           El sentido del que hablamos, no es un sentido abstracto, no se refiere al sentido último de la vida, sino que se refiere al sentido concreto que la vida tiene para cada uno de nosotros y que cada uno de nosotros debe encontrar en su vida como seres únicos e irrepetibles que somos.  

           En la medida que encontramos y percibimos interiormente valores, que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo, cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a cómo viva su vida.

           Partiendo de su  dimensión espiritual, según Víctor Frankl, el hombre, como ser único e irrepetible, es capaz de levantarse, en las alas indómitas del espíritu, por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos y responder responsablemente de una manera única, como expresión de su libertad.          

           Ser libre significa libertad de opción, no libre de los condicionamientos, sino, precisamente, libre para enfrentarse a ellos y asumir una actitud positiva.

           Para Frankl la vida tiene un sentido incondicional que no se pierde en circunstancia alguna, ni aún cuando el hombre se enfrente con la triada trágica de su existencia, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte, que pueden ser enfrentados con la adecuada compostura y actitud.

           En la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, se pone al servicio de una causa superior a él o amar a otra persona, vive en la  trascendencia (autotrascendencia), una cualidad esencial de la existencia humana, pues ser hombre significa estar orientado a algo o a alguien que no es el mismo.            

           De acuerdo a esta concepción el hombre es, necesariamente, un ser abierto al mundo, ser yo es ser consciente y responsable.

           Vemos así como se va gestando un modelo que comienza por apoyarse en aquellas partes más nobles del ser humano, su dignidad y las realidades del mundo más elevadas, es decir, los valores a los que el hombre como ser libre se siente atraído —en vez de ser empujado por sus instintos—, para encontrar sentido en su existencia.

           Es un modelo que podemos ver como un abordaje desde lo espiritual, centrado en el sentido de la vida. 

           Consiste en el descubrimiento, en el fondo de cada realidad personal,  de la posibilidad de modificar esa realidad, en la medida de lo necesario, considerando que el hombre no llega a ser tal, hasta que no se olvida de sí mismo, ya sea para allegarse a alguien a quien amar, a una tarea que cumplir o a un sufrimiento al que encontrarle sentido, sosteniendo que la esencia del hombre es la auto-trascendencia.

            La llegada de la muerte a nuestro hogar como un huésped no invitado, llevándose a un hijo, dejando vacía una habitación de la casa y un lugar en la mesa familiar, haciendo tambalear con su sola presencia las estructuras más íntimas del pensamiento y de la vida misma, puede llegar a ser una experiencia regeneradora, pues todo dolor trae consigo una enseñanza.

           Es en la muerte donde hallaremos el sentido de la vida misma, la clave de nuestra propia existencia, porque es moviéndonos a través del dolor, explorándolo, conociéndolo, que lograremos llegar más allá de él, más allá de lo inmediato, más allá del materialismo limitante; rescatando de un rincón del corazón los olvidados valores espirituales del hombre, que son los únicos que pueden salvarnos de una vida sin sentido, de una muerte en vida.

           El sufrimiento correctamente vivido despierta la trascendencia dormida: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”, dice Víctor Frankl.

           Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. 

Este transitar del ser para sí mismo a un ser para otro, permite el salto a la trascendencia y lo hace a través de su elección, que, de esta manera, se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.

           Vemos así a un hombre orientado hacia el mundo, más aún, orientado a la búsqueda de sentido en ese mundo que lo rodea.

           ¿Y cuál es una elección plena de sentido?

            Aquella que es buena para mí, buena para los que me rodean y buena para la vida.

            Si nuestra elección cumple esa triple condición, sabremos que hemos elegido correctamente.

            Hay además una intuición que nos muestra el camino, la que nos dice que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable -aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza-, existe la posibilidad de cambio, de transformación interior.

           Podemos orientar nuestro desprendimiento hacia una persona a quien amar, a una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien emanan del hombre, no están dirigidos a él mismo, sino a la vida, o a Dios o a nadie en particular..

           Estos tres sentidos de nuestra intencionalidad autotrascendente concluyen en uno solo, como quizá en ninguna otra ocasión en la vida, en los grupos de ayuda mutua: el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud.

           Víctor Frankl, nos dice que es merced a su trascendencia que el hombre encuentra los recursos necesarios para levantarse por sobre su sufrimiento y que al encontrar sentido en el horizonte de su vida, hace posible saltar cualquier obstáculo que en ella se presente.

           Entonces, la muerte de nuestros hijos no habrá sido estéril, porque a través de su partida es que el verdadero sentido de la vida se comprende; como un tiempo precioso y finito que debemos vivir al máximo, pero de otra manera, ya que el camino trazado hasta ahora no sirve para esa nueva realidad.

           Debemos recomenzar, es como renacer de las cenizas, debemos captar el mensaje de infinito amor que nuestros hijos al partir nos dejaron y que los hijos que quedan nos recuerdan cada día: dar amor, sólo amor.

           El objetivo es encontrar sentido a esta tragedia; y cuando le encuentro sentido, lo más maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.

                                   

                                                               Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                                 

                                                                     bertilogoterapia@gmail.com                

                                                                      Viernes 22 de febrero 2013

riqueza o poder o aun felicidad, sino ser capaz de encontrar una razón para vivir, capaz de encontrar sentido, no sólo a su destino, sino también a las posibilidades que esperan ser realizadas por él.

           El sentido del que hablamos, no es un sentido abstracto, no se refiere al sentido último de la vida, sino que se refiere al sentido concreto que la vida tiene para cada uno de nosotros y que cada uno de nosotros debe encontrar en su vida como seres únicos e irrepetibles que somos.  

           En la medida que encontramos y percibimos interiormente valores, que dan testimonio de lo que debe ser realizado en este mundo, cada uno de nosotros puede marcar una diferencia de acuerdo a cómo viva su vida.

           Partiendo de su  dimensión espiritual, según Víctor Frankl, el hombre, como ser único e irrepetible, es capaz de levantarse, en las alas indómitas del espíritu, por encima de sus condicionamientos físicos y psicológicos y responder responsablemente de una manera única, como expresión de su libertad.          

           Ser libre significa libertad de opción, no libre de los condicionamientos, sino, precisamente, libre para enfrentarse a ellos y asumir una actitud positiva.

           Para Frankl la vida tiene un sentido incondicional que no se pierde en circunstancia alguna, ni aún cuando el hombre se enfrente con la triada trágica de su existencia, como son el sufrimiento, la culpa y la muerte, que pueden ser enfrentados con la adecuada compostura y actitud.

           En la medida en que un ser humano, en vez de contemplarse a sí mismo y reflexionar sobre sí mismo, se pone al servicio de una causa superior a él o amar a otra persona, vive en la  trascendencia (autotrascendencia), una cualidad esencial de la existencia humana, pues ser hombre significa estar orientado a algo o a alguien que no es el mismo.            

           De acuerdo a esta concepción el hombre es, necesariamente, un ser abierto al mundo, ser yo es ser consciente y responsable.

           Vemos así como se va gestando un modelo que comienza por apoyarse en aquellas partes más nobles del ser humano, su dignidad y las realidades del mundo más elevadas, es decir, los valores a los que el hombre como ser libre se siente atraído —en vez de ser empujado por sus instintos—, para encontrar sentido en su existencia.

           Es un modelo que podemos ver como un abordaje desde lo espiritual, centrado en el sentido de la vida. 

           Consiste en el descubrimiento, en el fondo de cada realidad personal,  de la posibilidad de modificar esa realidad, en la medida de lo necesario, considerando que el hombre no llega a ser tal, hasta que no se olvida de sí mismo, ya sea para allegarse a alguien a quien amar, a una tarea que cumplir o a un sufrimiento al que encontrarle sentido, sosteniendo que la esencia del hombre es la auto-trascendencia.

            La llegada de la muerte a nuestro hogar como un huésped no invitado, llevándose a un hijo, dejando vacía una habitación de la casa y un lugar en la mesa familiar, haciendo tambalear con su sola presencia las estructuras más íntimas del pensamiento y de la vida misma, puede llegar a ser una experiencia regeneradora, pues todo dolor trae consigo una enseñanza.

           Es en la muerte donde hallaremos el sentido de la vida misma, la clave de nuestra propia existencia, porque es moviéndonos a través del dolor, explorándolo, conociéndolo, que lograremos llegar más allá de él, más allá de lo inmediato, más allá del materialismo limitante; rescatando de un rincón del corazón los olvidados valores espirituales del hombre, que son los únicos que pueden salvarnos de una vida sin sentido, de una muerte en vida.

           El sufrimiento correctamente vivido despierta la trascendencia dormida: “el hombre que se levanta por encima de su dolor, para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”, dice Víctor Frankl.

           Un nuevo modo del ser se hace presente: Ser para otro. 

Este transitar del ser para sí mismo a un ser para otro, permite el salto a la trascendencia y lo hace a través de su elección, que, de esta manera, se transforma en una escalera hacia la dimensión espiritual del hombre.

           Vemos así a un hombre orientado hacia el mundo, más aún, orientado a la búsqueda de sentido en ese mundo que lo rodea.

           ¿Y cuál es una elección plena de sentido?

            Aquella que es buena para mí, buena para los que me rodean y buena para la vida.

            Si nuestra elección cumple esa triple condición, sabremos que hemos elegido correctamente.

            Hay además una intuición que nos muestra el camino, la que nos dice que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable -aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza-, existe la posibilidad de cambio, de transformación interior.

           Podemos orientar nuestro desprendimiento hacia una persona a quien amar, a una tarea que cumplir, o bien hacia algo no concreto, como sucede con los valores de actitud que, si bien emanan del hombre, no están dirigidos a él mismo, sino a la vida, o a Dios o a nadie en particular..

           Estos tres sentidos de nuestra intencionalidad autotrascendente concluyen en uno solo, como quizá en ninguna otra ocasión en la vida, en los grupos de ayuda mutua: el ser sufriente a quien amar se vuelve la tarea a cumplir a través de los valores de actitud.

           Víctor Frankl, nos dice que es merced a su trascendencia que el hombre encuentra los recursos necesarios para levantarse por sobre su sufrimiento y que al encontrar sentido en el horizonte de su vida, hace posible saltar cualquier obstáculo que en ella se presente.

           Entonces, la muerte de nuestros hijos no habrá sido estéril, porque a través de su partida es que el verdadero sentido de la vida se comprende; como un tiempo precioso y finito que debemos vivir al máximo, pero de otra manera, ya que el camino trazado hasta ahora no sirve para esa nueva realidad.

           Debemos recomenzar, es como renacer de las cenizas, debemos captar el mensaje de infinito amor que nuestros hijos al partir nos dejaron y que los hijos que quedan nos recuerdan cada día: dar amor, sólo amor.

           El objetivo es encontrar sentido a esta tragedia; y cuando le encuentro sentido, lo más maravilloso de esto es que nuestros hijos no se van en vano, es que su partida no es estéril, es que este sufrimiento es germen, es tierra fértil en este corazón, para que crezcan nuevas raíces, una nueva planta, planto un nuevo árbol cuyas ramas lleguen al cielo.

                                   

                                                               Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti                                 

                                                                     bertilogoterapia@gmail.com                

                                                                      Viernes 22 de febrero 2013

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