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24-04-2015         Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay        Ver texto

Renacer es descubrir nuevos caminos
30-01-2015         Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay        Ver texto

Renacer es Una Puerta Abierta a la Dimensión Espiritual
28-12-2014         Renacer Congreso de Montevideo        Ver texto

RENACER ES UNA PLATAFORMA DE DESPEGUE
19-12-2014         Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay        Ver texto

Renacer es un Mensaje de nuestros hijos
01-11-2014         Enrique y Ana Doris Conde        Ver texto

“Buceando en nuestro aljibe” .. Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer
26-09-2014         Enrique, Ana Doris y Ulises        Ver texto

RENACER ES UN CAMINO
29-08-2014         Enrique, Ana Doris y Ulises        Ver texto

RENACER ES ESPERANZA
05-12-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Tributo a los 25 años de Renacer
29-11-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Renacer es un hecho culturalmente revolucionario
25-10-2013         Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti        Ver texto

Reflexiones a los 25 años de Renacer

25-10-2013
Renacer es descubrir nuevos caminos
Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

Renacer es descubrir nuevos caminos

        

       Resulta imposible decir algo sobre la esencia de Renacer que tenga significado para cada uno en su fuero íntimo pues al ser nosotros únicos e irrepetibles, implica que el Mensaje de Renacer tendrá, para cada uno, un sentido individual que puede ir desde la más absoluta indiferencia hasta el más profundo significado para sus vidas, aun referido en particular a los padres que hemos perdido hijos.

        Nos introducimos hoy por la puerta  abierta dejada por  los iniciadores de  Renacer, en febrero de 2009, para reflexionar sobre los aspectos que implica el mensaje de Renacer y los caminos a recorrer, con la libertad que hemos descubierto a través del propio mensaje de Renacer, asumiendo la aventura de incursionar a través de los conceptos vertidos por sus iniciadores, imbuidos de gratitud hacia ellos y con el recuerdo de nuestra dulce y querida Ana, tratando, en lo posible, de descubrir y luego describir aquello que está implícito en la Esencia de Renacer.

        Al respecto ha dicho Gustavo Berti que los grados de significación, de acuerdo con los cuales una cosa dada puede tener diferente significado o grados de importancia, para diferentes personas, depende no sólo del nivel cultural, social o intelectual, sino, también del estado de conciencia a través del cual el acto de percepción se lleva a cabo, que tiene extrema importancia en los grupos Renacer, en los que los padres entran con una crisis existencial tan abrupta y violenta, con estados de conciencia tan alterados y confusos, que dificultan aun el “simple vivir” en la realidad cotidiana, la que parece tan lejana y ajena como si estuviese siendo observada desde afuera en una perspectiva atemporal, sin olvidar las diferencias culturales que implican los paradigmas vigentes.

       El desafío no es lamentar lo perdido, sino descubrir los nuevos caminos que se abren a partir de esa pérdida; nuevos caminos de esperanza, de amor, de solidaridad, de compasión, en fin, tratar de ser mejores.

       Para descubrir esos caminos concurren diversos factores a tener en cuenta, el primero de los cuales es el lenguaje que usamos para comunicarnos, pues detrás de cada palabrahay siempre algo oculto, que  hay que preocuparse por descubrir.

        Ya desde tiempos remotos, Platón, 400 años antes de Cristo, citado por Raymond A. Moody en “La vida  después  de  la  vida”  dice: “El  lenguaje  humano  es  inadecuado  para expresar directamente las realidades últimas. Las palabras ocultan, más que revelan, de la naturaleza interna de las cosas. En consecuencia, las palabras humanas no podrán hacer otra cosa que indicar -mediante la analogía, el mito y en otras formas indirectas- el carácter verdadero de lo que está más allá de la esfera física.”

        A ello se agrega la naturaleza misma de la Esencia de Renacer, en donde, como grupo de Ayuda Mutua, emerge la dimensión espiritual como fenómeno específicamente humano.

        La espiritualidad juega un papel fundamental en los grupos de ayuda mutua, entendiendo a ésta como la condición de espiritual implícita del ser humano, como un ámbito de conciencia ampliado, un fenómeno que tiene origen en el hombre, pues el hombre posee un conocimiento intuitivo de los valores hacia los que se siente arrastrado, valores que pertenecen a su dimensión espiritual, que se expresa de una forma no reflexiva.

        ¿Cómo hacer para reflexionar sobre aquello que por naturaleza no es pasible de conocimiento por vía de la reflexión?

        No se llega a ser compasivo a través de la lectura o la reflexión, sino merced al amor compartido con aquellos con quienes el destino común nos ha hermanado, dice el mensaje de Renacer.  

         No se trata, pues, de comprender, como dijo Einsten: “Es incomprensible que pretendamos comprender.”

        Pero, cuando perdemos un hijo o un hermano lo primero que hacemos es llenarnos de preguntas, y llenos de ¿por qué? y de ¿si yo hubiera…? no encontramos explicación alguna.

         Lo que sucede es que, en la cultura que se nos ha imbuido, pasa lo que sostiene el propio Einstein cuando nos dice: “La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es su sirviente fiel; sin embargo, hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el regalo sagrado de la mente intuitiva.”

        La intuición nos muestra el camino, y es la que nos dice que aún en los momentos difíciles, de sufrimiento inevitable, aquéllos donde creemos perder la fe y la esperanza, existe laposibilidad de un cambio, de una transformación interior.

         Ante la profunda señal de alerta que implícita una crisis, el hombre puede despertar a su intuición y saber que la salida existencial está por delante suyo, en lo que aún queda por realizar de ese futuro en el que yacen las posibilidades aún no realizadas; se da cuenta que la única manera de eliminar la oscuridad es dejando entrar la luz. 

         El filósofo Francés Henri Bergson dice que  “la intuición es la empatía a través de la cual nos transportamos dentro de lo más íntimo del otro para coincidir con lo que es único y por lo tanto inexpresable.”

         A todo esto, no es ajena la historia de Renacer, pues mientras en Río Cuarto se reunían, por primea vez, padres que habían perdido hijos, Víctor Frankl sostenía que “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar a un hermano que sufre, trasciende como ser humano, concepto que es la síntesis de la Esencia de Renacer, como  un ámbito de luz, de esperanza y de amor.

        Para llegar a una meta es necesario tener, en primer término, fe en el camino que se va a iniciar, luego dar el primer paso y finalmente perseverar

        Renacer es para los valientes, para los que no quieren rendirse, para los que no quieren entregarse en la vida, pese a la pérdida de un hijo, es para los que buscan nuevos caminos y dicen: a pesar de todo, sí a la vida.

         

                                                         Viernes 24 de abril de 2015

 

        Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana, eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises

 

                                         De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                                                    “Por la Esencia de Renacer”

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25-10-2013
Renacer es Una Puerta Abierta a la Dimensión Espiritual
Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

Renacer es Una Puerta Abierta a la Dimensión Espiritual

 

        Como padres, madres o hermanos que enfrentamos una pérdida irreparable, en vez de sentirnos sumergidos en un doloroso proceso de duelo, hemos descubierto a través del mensaje de Renacer que podemos percibir la partida de nuestros hijos y hermanos, como una situación límite, como un cambio existencial que nos abre la puerta a la dimensión espiritual como seres humanos, puerta que había estado latente en nosotros, como larvada, posibilitando ahora un cambio positivo en nuestras vidas, para ser mejores personas en homenaje a esos hijos y a esos hermanos.

         Imbuidos de su mensaje y de su esencia, hoy nos impulsa a compartir lo recibido de Renacer, impregnados de gratitud hacia sus iniciadores y del recuerdo a nuestra dulce y querida Ana.

         La partida de nuestros hijos, definida en huerta Grande 2003, como “EL CAMBIO EXISTENCIAL QUE NOS ABRE LA PUERTA A LA DIMENSION ESPIRITUAL”, fue un paso de gigante para la comprensión de la crisis existencial sufrida por quienes hemos perdido prematuramente a seres tan queridos.

        Para Víctor Frankl la libertad del individuo se manifiesta a partir de su dimensión espiritual, pues, ni la situación psicofísica ni la posición social son decisivas en la definición de la situación en que se halla una persona, sino que lo decisivo radica en la persona espiritual, en las actitudes personales que cada uno adopta frente a las circunstancias que se le presentan en la vida.

        Descartes ha dicho que “pocos errores contribuyen tanto a alejar a los espíritus débiles del camino recto de la verdad, como el que sostiene que el alma de los animales es de la misma naturaleza que la nuestra y, por consiguiente, que no tenemos nada que temer ni esperar después de esta vida, lo mismo que las moscas o las hormigas."

        La aplicación de la lógica cartesiana en manos de la ciencia condujo a "erigirnos en dueños y señores de la naturaleza", como lo expresa el propio Descartes, y luego sumergirnos en el materialismo deshumanizante, falto de espiritualidad que inunda hoy al mundo.

        Así sucedió pese a que para el mismo Descartes el alma racional humana no puede haber sido sacada de la fuerza de la materia, él lo dice asíl: "No basta, que el alma racional habite en el cuerpo humano como un piloto en su navío, sino que es necesario que esté unida íntimamente a él para tener sentimientos y pasiones y formar así el hombre verdadero".

        ¿Qué sucedió para que la ciencia, cuya base es la metodología cartesiana, haya negado la dimensión espiritual del ser humano?, cuando Descartes, como creador del método que es cimiento del pensamiento científico occidental, dice que “si se conoce la diferencia que separa, al alma racional humana de la irracional de los animales, pueden comprenderse mejor las razones que prueban que la nuestra es de naturaleza completamente independiente del cuerpo, y, por lo tanto, no está sujeta a morir con él" y "no habiendo otras causas que la destruyan, naturalmente, llega uno a creer que es inmortal".

         Antoine de Saint-Exupéry dice: "En algún lugar del camino, hemos desviado el rumbo. Falta algo elemental, imposible de definir. La sensación de percibirnos a nosotros mismos como seres humanos se va tornando cada vez menos frecuente.”

        Muchas son las voces que, como la de Elizabeth Kubler Ross, se han levantado proclamando la necesidad de un despertar a la espiritualidad.

        Como la de Alexander Yakovlev, al decir: "Cuando consideramos el presente y el futuro, nos resulta inevitable concluir que la crisis más grande que hoy enfrentamos, se halla en el plano de los ideales espirituales".

        O la de Daisaku Ikeda "En los años posteriores a la guerra fría, vivimos en un "un gran interregno de la filosofía: ésta es una época caracterizada por la ausencia de filosofías capaces de guiar a la humanidad."

        O la de Alexis Carrel, cuando dice: "En realidad nuestra ignorancia es profunda. Casi todas las preguntas que se plantean quienes estudian a los seres humanos permanecen sin respuesta. En nuestro mundo interior hay inmensas regiones aún desconocidas."

        O la de Víctor Frankl al decir: "Nuestro corazón ha sido bombardeado."

        O la de Arnold Toynbee: "Nuestros conocimientos verificables, no nos suministran la información y la guía que necesitamos para vivir como seres humanos."

        O Herman Hesse "La luz que estás buscando ya habita en tu corazón."

        O Mahatma Gandhi: "Tienen que ponerse de pie contra todo el mundo, aunque al ponerse de pie, se den cuenta que están solos. Tienen que mirar al mundo de frente, en la cara, aunque cuando lo hagan se den cuenta de que el mundo los mira con ojos inyectados en sangre. No teman. Confíen en ese algo diminuto que habita en su corazón."

        O Leo Buscaglia: "Quiero conducirte de vuelta a ti mismo, a lo que tú eres, ¿crees que podrías trazar un puente hacia ti mismo? ésta puede ser la mayor aventura de tu vida. Y hay miles de cosas para hacer, para tocar, para sentir y cada una de ellas hará de nosotros un ser humano diferente."

        O Blas Pascal: "El corazón tiene razones, que la razón ignora."

        O la de Deepak Chopra: "Si oyes la palabra "te amo" y tu corazón comienza a palpitar, se ha producido una metamorfosis asombrosa." "Una emoción en la mente de otra persona, se ha transformado en molécula de adrenalina que corre por tu torrente sanguíneo.Este misterio desafía los más complejos conocimientos de la biología, la medicina, la sicología, la química y la física, pero es de importancia vital."

       También algo nos dice el mensaje de Marlo Morgan en “Voces del desierto”.

        Por eso Chopra, en "La Curación Cuántica", refiriéndose a las experiencias del Dr.Simonton dice: "Aún si el paciente del doctor Simonton fuera único en su género, su caso logra estremecer nuestra concepción de cómo el cuerpo se cura a sí mismo, porque aquí vemos a la naturaleza descubrir una forma de combatir la muerte, de una manera que ningún médico había siquiera intentado."

        Y Agrega: "En los orígenes de la medicina occidental, Hipócrates afirmó: "un paciente que se halle mortalmente enfermo puede recuperarse si cree que su médico es bueno."

        "No podemos excluir completamente al espíritu en la conexión mente-cuerpo. Decir que el cuerpo se cura a sí mismo solamente mediante el empleo de compuesto químicos equivale a decir que un automóvil cambia de velocidades solamente mediante la transmisión, evidentemente necesita un conductor que sepa lo que está haciendo.”

        “Si bien la medicina ha pasado varios siglos tratando de sostener la idea de que el cuerpo se conduce solo, como una máquina auto motivada, aquí también debe haber un conductor."

        Ciertamente que existe un mundo manifiesto, perceptible a los sentidos, objeto de la ciencia de base cartesiana, el mundo mineral, el mundo vegetal y el mundo animal, en una palabra el mundo objetivo.

        ¿Existe también un mundo subjetivo? ¿Existe un mundo latente, oculto a la percepción de los sentidos, sólo perceptible por la intuición y el poder "irreflexo" de la mente?

        "Lo más noble del ser humano, dice Víctor Frankl, no puede ser reflexionado y por lo tanto la verdad no puede ser expresada."

        "El misterio de la vida, dice Daisaku Ikeda, se debe a la dificultad de percibir la naturaleza de las cosas y los fenómenos, tal como ellos son."

        Por ser tan complicado, fue que la humanidad se perdió en ese laberinto como dijo Antoine de Saint-Exupéry: “Hemos perdido algo que era una de nuestras misteriosas prerrogativas."

        Gustavo y Alicia Berti nos dicen: "Es nuestra dimensión espiritual la que nos conecta, a través de la intuición, con la esencia misma de las cosas.Los escritos especializados en temas psicológicos ponen de  manifiesto que, desde un principio, la psicología esquivó el factor espiritual en la persona…”

        Y agregan: “Renacer ha dado un gran paso frente a la humanidad y cada uno de nosotros ha adquirido la responsabilidad de recordar a nuestros seres queridos a través del amor renunciando al dolor profundo. Es necesario trabajar con una nueva realidad, una realidad que hasta ahora ha estado oculta, pero que comienza a dejarse ver a través del camino de la espiritualidad al que la muerte de un hijo nos abre las puertas. Toda otra visión, todo otro proyecto, enfrentado a éste queda disminuido.”

        Es evidente que Renacer nos enfrenta a la disyuntiva ineludible y libérrima de elegir una actitud espiritual que nos lleve a ser mejores personas, pudiendo por este camino sentirnos lúcidos y trasparentes, y “ver al mundo como es, llegando a la verdad de frente, donde cesan todas las turbulencias y se logra la paz interna”, como dice el mensaje de Renacer.

         De la misma manera hemos de constituirnos, mediante nuestras actitudes, en faro en el seno de nuestras familias, y frente a la comunidad.

         Tenemos que reafirmar la revolución cultural que es Renacer, partiendo de la horizontalidad, sin estructuras condicionantes, mostrando actitudes positivas, sin imponer valores, y así iluminar con luz propia, la oscura noche de la humanidad que transita hoy los caminos del odio y el egoísmo.

          Tarea difícil para cada uno de nosotros, la de ser un faro frente a un barco a la deriva, pero sepamos, como dijo Gustavo Berti, que “un faro, a la vez que ilumina, no puede separar la luz de sí mismo.”

 

.                                                                                      Viernes 30 de enero  2015

 

        Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida y dulce Ana, eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises

 

                                                                    De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                                                                                 “Por la esencia de Renacer”

 

 

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25-10-2013
RENACER ES UNA PLATAFORMA DE DESPEGUE
Renacer Congreso de Montevideo

RENACER ES UNA PLATAFORMA DE DESPEGUE En el largo camino a que nos enfrentó la vida como padre o hermana del ser querido que dejó este mundo, encontramos hace 19 años el mensaje de Renacer. Desde entonces aprendimos muchas cosas, que constituyen la esencia de Renacer, no sospechadas cuando transitábamos la oscura noche del dolor, que hoy nos impulsan a compartir lo recibido del Mensaje de Renacer, impregnados de gratitud hacia sus iniciadores y el recuerdo a nuestra dulce y querida Ana. Al perder un hijo, se produce un ensimismamiento donde desaparece el mundo que nos rodea, experimentando la nada absoluta; hemos cambiado y ya no somos las mismas personas. Es un cambio que sólo puede ser comprendido por nuestros pares en la tragedia, pues ¿Quién puede imaginar que alguien hasta ayer activo y lúcido pueda caer, en un instante en un estado que puede describirse tal como lo hace Elizabeth Kûbler Ross en “LA MUERTE Y LOS NIÑOS” cuando dice: “Tras la muerte de un niño, (la muerte de un hijo decimos nosotros) el mundo parece detenerse, no sentimos ningún interés por lo que ocurre a nuestro alrededor. Mecánicamente sacamos a pasear el perro, ponemos el abrigo al crío y lo despedimos cuando se va al colegio; preparamos la cafetera totalmente absortos y contestamos aturdidos al teléfono. Lo que queremos es que el tiempo retroceda” En Renacer podemos llegar a comprender, que los “por qué” no tienen sentido, preguntándonos, en su lugar, “parar qué”. La pregunta ¿para qué? nos obliga a hacer un esfuerzo más intelectual que sensible para encontrar el sentido a esa expresión ¿para qué? ¿Acaso la idea de ese ¿para qué? era la de que había intervenido alguien determinante de nuestro destino? que es lo que se piensa cuando se dice “para qué me envió Dios esto”. No, ese no es el sentido del ¿para qué? de Reancer, que, quizás, pudiera ser aceptado por quien profesa la fe en un ser superior de quien dependieran todas nuestras circunstancias, situación, que por cierto no abarca a todos los seres humanos, aunque ello, en última instancia, fuera así. Entonces, ¿qué sentido tiene ese “¿para que?” de Renacer? Cuando nos damos cuenta que no somos las mismas personas, que algo en nosotros ha cambiado y no quisiéramos seguir viviendo de la manera que lo estábamos haciendo, algo tenemos que hacer. Siguiendo a Víctor Frankl, podemos entender el ¿para qué? como una invitación a asumir una nueva actitud frente a lo que nos ha pasado, pues, como él dice: ”Al hombre se le puede arrebatar todo en la vida, menos la última de las libertades individuales: la actitud con que enfrentará lo que le toca vivir.” Así el “¿para qué?” cobra ahora el significado de que se puede asumir una nueva actitud. Que no será dejarse arrastrar como una hoja en la tormenta, sino levantarse fuerte como un árbol que se dobla pero no se rompe. Renacer es una plataforma; una plataforma de despegue espiritual, una plataforma donde apoyarnos para crecer y ser personas distintas, y poder asumir una actitud positiva, en base al poder de transformación del ser humano, sintetizado en las palabras de Elisabeth Kùbler Ross cuando afirma que “los hijos vienen al mundo, por un breve momento con una misión específica: la de transformadores espirituales de sus padres”, expresión que define, en su esencia, el “para qué” del mensaje de Renacer. El poder de transformación pese a ser inherente al ser humano, muchas veces yace dormido, sin embargo es la forma más segura de arrancarnos del círculo de dolor, de culpa, de bronca y tantas emociones negativas y dañinas de los primeros tiempos y aún de años vividos sin encontrar la paz. En el encuentro por los veinticinco años de Renacer un padre contó que durante un año concurrió a Renacer solo para acompañar a su esposa y que cuando ya hacía un año de concurrir a Renacer sin hablar ni intervenir en nada, escuchó decir “hay algo peor que perder un hijo y es perderlo y morirse con él, haciéndolo su verdugo” y esto lo hizo cambiar de actitud, porque no quería hacer de su hijo su verdugo. Renacer ayuda a ver o intuir la luz del sentido, más allá de las lágrimas, asumiendo la responsabilidad por lo que nos toca vivir, tomando las riendas de nuestra vida. Esa es la plataforma desde donde Renacer nos lanza a la ardua conquista de una paz interior que llega solamente al encontrarle sentido a esta conmoción existencial. . Viernes 28 de noviembre de 2014 Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana, eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris y Ulises De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay “Por la Esencia de Renacer”

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25-10-2013
Renacer es un Mensaje de nuestros hijos
Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

Renacer es un Mensaje de nuestros hijos

     Mientras el dolor golpea a nuestra puerta… se encienden las luces de las fiestas y el mundo sigue andando…

     En ese mundo están nuestros otros hijos, nuestros padres… abuelos que en silencio lloran a sus nietos, nuestros amigos, los amigos de nuestros hijos… también allí estamos nosotros mismos.

     A veces, estamos cerrando puertas y ventanas… con el corazón herido, muerta toda esperanza.

     Un corazón por cuya herida abierta entran miles de encontradas emociones, donde puede habitar la bronca, el rencor, el odio o los miedos…

     Puentes que se rompen y nuestra vida deambula silenciosa en la oscura noche del alma…

     Entonces, como en la naturaleza, donde nunca nadie ha podido impedir la llegada de la aurora, llega hasta nosotros un mensaje de esperanza  el Mensaje de Renacer, que hoy nos impulsa a compartirlo, impregnados de gratitud hacia sus iniciadores y del recuerdo a nuestra dulce y querida Ana.

     Un mensaje que nos muestra que detrás de lo que las circunstancias parecen ser, no se agota todo lo que ellas son.

     Que el destino no es lo que nos pasa, el destino es lo que cada uno de nosotros hacemos con aquello que nos pasa.

     Que no debemos  hacer de nuestros hijos aquellos que vinieron a arruinar nuestras vidas.

     Nuestros hijos no sólo nos han dejado dolor, nuestro amor hacia ellos no se ha extinguido.

     Cuenta una anécdota, que durante la guerra de las Malvinas, un bombardero argentino fue alcanzado por el fuego enemigo y el piloto se salvó tirándose en paracaídas y luego, por un tiempo, fue prisionero de los ingleses.

     Al ser liberado acostumbraba a dar charlas sobre su experiencia.

     Cierta vez, estando en un restaurante se le acerca alguien y le dice ¿usted no es Carlos que estuvo en la guerra de las Malvinas?

     Sí, le contesta, pero ¿usted cómo lo sabe?

   Yo pertenecí al grupo que se encargaba de doblar los paracaídas, veo que se abrió, le contestó.

    Sí, claro, me salvó la vida, sino no estaría aquí.

    Desde entonces iniciaba sus charlas con la siguiente pregunta:

    ¿Quién dobló hoy tu paracaídas?

    Nosotros en Renacer, también podemos hacernos la pregunta ¿Quién dobló mi paracaídas, para que pueda seguir viviendo?

   Y habrá muchas respuestas…

   Pero hay una a la que no podemos escapar: fueron nuestros hijos, a través del mensaje de Renacer, quienes como “estrellas fugaces llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron, pero nos transformaron”.

     Entonces, el amor a nuestros hijos desalojará a aquellas emociones negativas que pretendían gobernar nuestra vida.

     Paulatinamente, en nuestro corazón se encienden nuevas luces y empezamos a ver alrededor nuestro que no estamos solos, que hay una mano invisible que guía nuestros pasos y nuestros hijos se transforman en nuestros maestros.

     ¡Qué difícil es al principio!

     Pero la tarea es nuestra, pues desde el primer día, podemos elegir como hemos de sufrir, si dignamente o miserablemente.

     ¿Qué se merecen nuestros hijos? ¿Qué imagen estamos dando al mundo? ¿Que la muerte todo lo puede?

     No importa si no es en estas fiestas que levantemos, por primera vez, una copa en homenaje a nuestros hijos, pero si un día habremos de hacerlo, ¿Por qué demorar ese instante aunque el brillo de nuestros ojos se nuble por una lágrima?

     Quizá sea eso lo que ellos esperan hoy de nosotros.

     Entonces, podemos darle un dulce sentido a su presencia en nuestras vidas, y asumir que la felicidad no es una meta a lograr, sino el resultado de una tarea o misión adecuadamente cumplida, que ni siquiera es preciso que sea llevada a cabo exitosamente, para que uno pueda sentirse feliz y realizado sin cuestionamiento alguno.

     De esta manera, las expresiones de felicidad que podamos recibir de otros, para esta Navidad y Año Nuevo, dejarán de ser una herida al corazón, para transformase en un homenaje a aquella estrella que vino para transformarnos, quienes “doblaron nuestro paracaídas”, y le dieron un nuevo sentido a nuestra misión en esta vida, en el camino que estamos transitando en Renacer.

     Que la estrella, fugaz que pasó por nuestras vidas, nos ilumine en esta Navidad y en el año que se inicia.

 

                                                  .          Viernes 19 de diciembre de 2014

 

      Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida dulce Ana, eiségesis del mensaje de Renacer por Enrique, Ana Doris  y Ulises

 

                                         De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                                                    “Por la esencia de Renacer”

 

 

 

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25-10-2013
“Buceando en nuestro aljibe” .. Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer
Enrique y Ana Doris Conde

“Buceando en nuestro aljibe” Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer ¿RENACER ES UNA UTOPÍA? El 15 de octubre en el “Blog Grupo Renacer”, reportado por lmcorazanitte, se publicó la experiencia vivida por Marta Inés Morales de Liberti, que es el relato de lo que exactamente le sucede a quien se acerca a Renacer y paulatinamente va descubriendo que es posible transformar el tremendo dolor que sufrimos al perder un hijo, en un homenaje de amor que, a nuestro juicio, puede ser muy clarificador para evitar, que quienes llegan por primera vez a Renacer, se transformen en “golondrinas de paso” por pasar sin captar lo que es Renacer, como lo describió Julio Poggio de Renacer Paysandú – Uruguay Vaya nuestra gratitud a Marta Inés. Sería plausible que algún grupo decida entregar una copia de la nota de Marta Inés a todos los padres que concurren por primera vez. “Aporte de Marta Inés Morales de Liberti de RENACER TUCUMÁN ARGENTINA Mi experiencia en renacer con motivo de cumplir 1 año de concurrencia a este grupo de ayuda mutua La Utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. ¿Entonces, para qué sirve la utopía? Para eso: sirve para caminar Eduardo Galeano de su amigo Fernando Birri Se dice que la utopía es pensar en lo imposible para poder hacer lo posible. Una utopía se sabe inalcanzable. Pero sirve para caminar, para hacer proyectos, para esforzarse, para luchar, para formular objetivos… Asisto a RENACER grupo de ayuda mutua-, desde del 27 de setiembre de 2010, una semana después de la partida de mi hija Julieta, y deseo exponer mis reflexiones acerca de este grupo. Durante el transcurso de este tiempo he podido ver que, si no entendemos que estamos recibiendo ayuda o no nos abrimos para recibirla, no podremos ser ayudados. La soga nos es lanzada y tenemos que tomarla para salir. A RENACER los padres junto con el dolor, la tristeza y la incertidumbre, traen anécdotas, experiencias, historias, ejemplos, relacionados con el hijo que partió y puedo asegurar que muchos de nosotros tomamos esas expresiones, esos relatos, para ayudarnos a seguir adelante. En RENACER, interactuamos con padres que han pasado por idéntica situación. Todos sabemos de qué hablo. Al interactuar, percibimos que no somos los únicos que sufrimos la muerte de nuestros hijos y lo más importante: QUE NO ESTAMOS SOLOS, que ese otro que habla, que llora, que ríe o está callado será, a partir de nuestra llegada al grupo, nuestro compañero de ruta que ayudará y será ayudado, que nos mostrará cómo ir superando barreras que imaginábamos imposible de sortear, que colaborará en la recuperación de nuestra autoestima, y lo que es más importante creo yo- que nos acompañará en el camino de la superación del dolor. Todo esto quizá no vemos en las primeras reuniones a las que asistimos. En mi caso personal los comienzos fueron muy, muy difíciles, durísimos, pero seguí viniendo, y seguí y seguí aun cuando nada me entraba, nada entendía y todo lo que se decía lo olvidaba instantes después. Es que sobrevivir a la muerte de un hijo es algo para lo que no estamos preparados; la pérdida está tan fuera del guion original que acarrea un auténtico sismo emocional en nosotros, los padres. Estuve así meses, hasta que mi necesidad, mi deseo, mi meta de estar lo mejor posible como muchos de los que vi y recuerdo -en aquellos días- que reían y hacían bromas, empezaron a destaparme el alma y de esa manera poquito a poco estoy empezando tomar las riendas de la vida y a acoger el sosiego que necesito para intentar volver a ser yo. Aquí siempre que se habla de muerte, de dolor, se contrapone la palabra amor; lo que no es fácil en los comienzos- de entender. Yo sólo sentía el lacerante dolor y no podía relacionar ambos términos, además no pensaba, solo éramos mi dolor y yo, pero he aquí que voy entendiendo gracias a la paciencia y buena disposición de mis compañeros- que nos duele porque amamos. El dolor está, pero en RENACER como por arte de birlibirloque- el dolor nos acerca y el amor de nuestros hijos nos une. Para contrarrestar el terrible peso de nuestra pena, de nuestro dolor en cada acto, tarea, hecho, de nuestra vida, RENACER nos brinda la oportunidad de mejorar dándonos herramientas que de alguna manera impiden o al menos frenan la instalación de enfermedades físicas, psíquicas, emocionales para decirlo claro. Lo que no obsta, de ningún modo, la búsqueda de ayuda religiosa, o profesional como lo estoy haciendo yo, o de la compañía de familiares y de amigos, y, por qué no, de una laborterapia. He visto que aquí no se revelan verdades ni se dan manuales de instrucción para superar la crisis: RENACER es un amigo de confianza que nos escucha con interés y delicadeza, es interlocutor de nuestro dolor, no nos da consejos, no nos juzga ni por lo que decimos ni por lo que sentimos, hace factible volvernos de nuevo hacia la vida y nos da la posibilidad de iniciar nuevas relaciones y, entre otras muchas cosas, aprender a comprender y aceptar la muerte como parte de la vida. Aunque en nuestra cultura esto es muy difícil pues en Occidente nos enseñan a “no pensar” en la muerte, por eso nos espanta tanto, porque no la aceptamos como parte de la vida. RENACER significa la oportunidad de compartir con otros papás y mamás el amor incondicional que seguimos sintiendo por nuestros hijos y hacer, en su honor, algo bueno por nosotros y por alguien más. RENACER es la respuesta a una necesidad. Cuando elegí asistir al grupo no sabía con qué me iba a encontrar. Pero sí intuía que sería un sitio del que saldría mejor de lo que estaba. Y mi intuición no falló, porque el objetivo del grupo que es brindar acompañamiento, comprensión y afecto a los padres y madres que no saben cómo seguir viviendo luego del hecho más devastador la pérdida de un hijo-, fue cumpliéndose hasta ahora, y aunque me falta bastante sentir que soy una mamá recuperada, puedo decir que aquí voy aprendiendo que el duro batallar de cada jornada es avanzar sin pausa hacia metas que conduzcan a una plena recuperación. Retomando aquello que dije inicialmente La utopía es pensar en lo imposible para poder hacer lo posible digo que no es sinónimo de idealismo inalcanzable: RENACER es una búsqueda que no termina en lo que se encuentra, porque lo encontrado sirve para generar nuevos proyectos, aprendizajes, discernimientos, trascendencia humana. Marta Inés Morales de Liberti RENACER TUCUMÁN ARGENTINA” . Viernes 31 de octubre de 2014 Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana Zaida. Enrique, Ana Doris y Ulises De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay “Por la esencia de Renacer”

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25-10-2013
RENACER ES UN CAMINO
Enrique, Ana Doris y Ulises

Reflexiones de Enrique y Ana Doris Conde sobre Renacer

RENACER ES UN CAMINO

          Quienes hemos perdido hijos, hemos experimentado el efecto de una crisis existencial en la que el mundo que nos rodea desaparece y, encerrados en el propio dolor, no sabemos como salir de allí.

          Es probable que para algunos, sintiéndose condicionados por lo que el destino les ha deparado, vivan esta crisis tan solo como un signo de su fracaso.

           Sin embargo, ha habido quienes, por no querer seguir viviendo como lo estaban haciendo, han buscado un significado a esta tragedia, luego de la partida del hijo o hija.

         Renacer, precisamente, surge desde  el alma de quienes han  buscado el sentido a lo sucedido, encausando sus vidas de una manera distinta a como la estaban viviendo hasta ese momento.

          Quizá la primera actitud positiva, fue la de querer salir del egocentrismo que rompe los puentes de la comunicación con los demás, al unirse a sus iguales reconstruyendo, entonces, esos puentes, camino hacia la superación.

         Surge así Renacer como un camino en el que, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan el andar por la vida en forma distinta a lo vivido hasta ahora, pues no somos las mismas personas luego de la pérdida de un hijo.

         Aceptar que no somos las mismas personas implica solo dos posibilidades: podremos ser mejores personas o peores personas, otra alternativa no hay y la opción debe ser exclusivamente nuestra.

         Para ser peor persona no hay que hacer nada, ni siquiera levantarse de la cama o no  querer seguir trabajando ni hablar con los demás, andando por la calle como quien busca monedas en el suelo.

        Renacer toma a cada padre desde el lugar en que él se encuentra, incorporando a cada miembro sin evaluaciones de principiantes y sin coordinadores que autoricen el pasaje de grado; existe allí una igualdad no imaginada en ningún Grupo de Autoayuda o Grupo de Apoyo.

         En Renacer no hay normas, plazos ni evaluaciones.

         Quienes llegan a Renacer, porque no quieren seguir viviendo como estaban viviendo, en  el primer contacto, al observar la actitud de sus pares, al verlos como el espejo de a donde podrían llegar ellos mismos, surge el  ¿Por qué no yo?, pues si otros han podido avanzar en un camino de superación ¿Por qué no he de poder hacerlo yo también?

         Luego, paulatinamente, se van encendiendo luces que iluminan nuestro camino, unas que iluminan nuestra mente, al principio turbada, y otras que iluminan directamente el corazón, ahora abierto al amor incondicional.

         Escuchamos repetidamente el mismo concepto, lo cual facilita incorporar su significado a nuestra vida, pues cada vez nosotros no somos los mismos, como magistralmente, lo expresó hace ya más de 2,000 años Heráclito cuando dijo “Nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo río.”

         Simultáneamente o en forma alternada nuestra mente y nuestro corazón van incorporando los nuevos conceptos que iluminarán, en lo sucesivo, nuestro camino en la vida.

          Nuestra mente se resiste cuando escucha decir que la partida de nuestros hijos es un hecho del pasado, cuando en la mente y en el corazón están en una permanente presencia, hasta que nos despiertan las palabras de Elisabeth Kûbler Ross: "Todas nuestras investigaciones sobre la vida después de la muerte han revelado, más allá de toda duda, que aquellos que realizan la transición están aún más vivos, amorosamente rodeados de un amor incondicional y una belleza más allá de lo que nosotros podemos imaginar. Ellos no están realmente muertos, solamente nos han precedido en el viaje de la evolución en el que todos nos hallamos embarcados; ellos están con los seres queridos que los han precedido en la muerte, con sus ángeles guardianes, en el reino del amor y la compasión total.”

      En otro momento dijo “Por más absurdo que pueda parecer, el hecho de perder un  hijo podía provocar en los padres un verdadero despertar espiritual."

      Entonces, el camino se ilumina, aún más al percibir el ámbito espiritual de nuestra naturaleza humana, por el cual Víctor Frankl luchó toda su vida,  y percibimos a nuestros hijos en nuestro futuro, pues cualquiera sea la intuición que tengamos de a donde vamos a ir después de nuestra propia muerte, allí están nuestros hijos esperándonos. Ellos no están en el pasado.

       Se nos presentará la difícil opción de darles permiso y dejarlos libres  para que sean felices en el ámbito en que se encuentran, que tiene, para nosotros, la recompensa de sentir paz interna, aquella que perdimos el día de su partida.

       Luego, seguirán encendiéndose nuevas luces como las que despierta la presencia de otro padre que con su dolor demanda y promueve nuestra ayuda, una tarea que implica dar al otro, el doble de lo que se espera de él.

       Cada uno va descubriendo luces que se van encendiendo en su corazón… ya sea sentir que el amor incondicional no necesita de la presencia física de nuestros hijos para seguir amándolos… ya sea que se comprenda la inutilidad de los ¿por qué? tan repetidos sin eco que responda… ya sea que los ¿si yo hubiera o no hubiera? solo sirven para prolongar insomnios… ya sea que no transformemos a nuestros hijos en nuestros verdugos… ya que aceptemos la realidad… no mirar hacia atrás…  no olvidarse de los hermanos que quedan… preservar la familia… transformarnos en los artífices de nuestra propia vida… darnos una segunda oportunidad… una transformación interior… no fomentar la catarsis… la libertad de elegir… una revolución cultural… y más.

       Llegará también el día, en que mirando a nuestro alrededor a los hermanos, familiares, amigos y a la comunidad, asumamos la responsabilidad de derramar nuestra luz, como el faro que a la vez de iluminar, no puede alejar de sí la luz, como reza el pensamiento oriental “Quien enciende una antorcha para iluminar el camino de otro, está iluminando su propio camino”, reflejado en el pensamiento de Víctror Frankl “El hombre que se levanta por encima de su dolor para ayudar  a un hermano que sufre, trasciende como ser humano”.

                                             

                                                               Viernes 26 de septiembre de 2014

 

        Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana Zaida.

 

                          Enrique, Ana Doris  y Ulises

              De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

                            “Por la Esencia de Renacer

 

 

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25-10-2013
RENACER ES ESPERANZA
Enrique, Ana Doris y Ulises

RENACER ES ESPERANZA

 

     Cuando nos enfrentamos a la partida de un hijo, que es la más grande conmoción existencial a la que se puede enfrentar un ser humano, perdemos la noción de todo lo que nos rodea.

     Es una conmoción tal como si hubiera caído una bomba a nuestro alrededor, como si  un volcán hubiera explotado en nuestro interior; no sabemos donde estamos y nos asaltan los ¿por qué?

    Porqué a mi hijo o mi hija, porque no  a mí, porque no hicimos esto o aquello y una nube de confusión nos envuelve y no vemos la puerta para salir de esa situación, es como si la vida ya no tuviera sentido para nosotros.

    Siempre pensábamos que si perdíamos un hijo, nosotros nos moríamos detrás de él, sin embargo, estamos vivos y las preguntas no encuentran respuestas y cuando venimos a Renacer nos dicen que  nunca nadie ha tenido respuestas a las preguntas que surgen, porque no somos nosotros los que tenemos que hacerle preguntas a la vida o a Dios, sino que es la vida la que nos hace una pregunta, tú padre o madre que has perdido un hijo ¿cómo vas a vivir de ahora en adelante?

    Generalmente cuando se pierde un hijo en la cultura en que vivimos se piensa que tenemos más derechos, sin embargo la realidad es que tenemos más responsabilidades, en primer término, tenemos la responsabilidad de qué hacer de nuestra propia vida desde ahora hasta el día que inexorablemente nos toque partir.

     El Mensaje de Renacer nos muestra que en ese instante crucial, tenemos que optar entre decirle sí a la vida o dejarnos llevar por las emociones y cerrar puertas y ventanas, tirarse en la cama, no querer trabajar, renunciar a arreglarse, como si estuviéramos muertos en vida.

     Si nos morimos en vida, detrás de la partida de nuestros hijos,  estamos haciendo  de ellos nuestros verdugos, en tanto el Mensaje de Renacer nos muestra que es posible asumir un cambio de actitud, asumir  una actitud positiva y hacer de nuestros hijos, no ya nuestros verdugos, sino nuestros maestros.

     Siguiendo a Víctor Frankl que recluido en un campo de concentración perdió a su esposa, A un hijo en gestación, a su madre, a su padre y a un hermano y sufrió las vejaciones propias del régimen, en base a su fe y esperanza de vivir. salvó su vida y luego escribió diciendo que frente a lo que nos sucede en la vida, que  no podemos cambiar, hay algo que sí podemos cambiar que es nuestra actitud frente a la vida.

     Nosotros no podemos cambiar lo que nos ha sucedido, pero podemos cambiar nuestra actitud y en vez de sentirnos morir y andar por este mundo con la cabeza gacha como juntando moneditas del suelo, andar con la frente en alto en homenaje a ese hijo y asumir una actitud positiva producto de nuestro amor hacia ellos.

    ¿Qué es lo que une a una madre o a un padre a su hijo o su hija, sino el amor?

     El Mensaje de Renacer, nos dice: ¿acaso necesitamos de su presencia física  para seguir amándolos?

     Al nacer nuestros hijos nos enseñaron una manera distinta de amar; nosotros conocíamos lo que era el amor a la madre, al padre, a los abuelos, a los tíos, a los hermanos, luego al compañero o la compañera, pero cuando ellos llegaron a nuestro hogar nos enseñaron a amar de una manera distinta  y ahora, al partir, nos han enseñado otra manera de amar, un amor incondicional, más sublime que  ni siquiera necesita de su presencia física.         

     Entonces, por ese amor, podemos cambiar de actitud frente a la vida, en homenaje a ese hijo que partió y podemos hacernos la pregunta ¿cómo habría querido vernos? ¿llenos de angustia? ¿llenos de odio? ¿o llenos de amor?

    Cada uno en su intimidad puede responderse esta pregunta.

    A veces, cuando los recordamos, pensamos en ellos como que  están allí donde tuvieron el accidente, o en la cama del sanatorio u hospital, o en el momento que decidieron por su cuenta partir o fueron agredidos… pero ellos no están ahí.

    Ellos están en otro lugar, al que por nuestras limitaciones físicas no podemos acceder, pero cualquiera sea nuestra creencia de a dónde vamos a ir después de nuestra propia muerte… allí están ellos esperando nuestra llegada.

    La responsabilidad que surge desde ese momento hasta el instante de nuestra muerte, es la de vivir dignamente.

    Vivir dignamente en su homenaje, pero también vivir dignamente por nosotros mismos que lo merecemos y vivir dignamente por quienes nos rodean.

    Por los hermanos, quienes han perdido a un ser tan querido, su compañero de juegos y picardías, muchas veces su compañero de pieza, su mascota o  su modelo, según  la edad.

    Ellos están sufriendo calladamente y ven que sus padres, sumidos en su propio dolor, se han  olvidado que ellos existen, entonces, suman a su dolor, el dolor de perder a su mamá y a su papá que ya no son los mismos.

     ¿Somos las mismas personas antes, que después de la partida de un hijo? No, no somos las mismas personas.

     Si no somos las mismas personas, sólo quedan dos opciones o somos mejores personas o somos peores personas, ¿qué eligen ustedes?

     Es esa la gran opción que se nos presenta en la vida frente a lo que nos sucedió.

      Seguramente que por el camino de las emociones, encerrándonos en nosotros mismos y renunciando a vivir, no vamos a ser mejores personas, quizá lleguemos a ser un estropajo, lleno de  angustia, de llanto, de bronca, de odio, de resentimiento que es el camino al que nos llevan las emociones.

     Pero según nos dice Víctor Frankl, el ser humano es el único ser del universo que es capaz  de oponerse a aquello que lo condiciona, de oponerse a sus propias emociones y agrega: nos podrán quitar todo menos la última de nuestras libertades, que es la libertad de asumir una actitud frente a lo que nos pasa en la vida.

     ¡Sí, la partida de un hijo nos ha condicionado! Pero tenemos la libertad que nadie nos puede quitar, de asumir una actitud positiva en homenaje a ese hijo.

     Elisabeth Kübler Ross, que es una científica suizo-norteamericana, que  se dedicaba en su profesión de médico a atender enfermos terminales, nos dice que aunque parezca extraño, la pérdida de un hijo puede producir en los padres un despertar espiritual.

    Ese es el “despertar espiritual” al que se refiere el Mensaje de Renacer, cuando nos enfrenta a la opción de ser mejores personas, no mejores personas que los demás que sería una actitud de vanidad, sino mejores que nosotros mismos, mejores hoy que ayer, mejores mañana que hoy.

    Entonces aparece la figura de nuestros hijos como maestros.

    Su partida nos enseña a no temerle a la muerte, nos enseña a dimensionar el poco valor que tienen las cosas materiales, nos enseña a ser más tolerantes con las cosas que nos pasan a diario, nos enseña a comprender el dolor de los demás, en fin, nos enseña  a ver la vida y la muerte de una manera muy distinta  a como la ve la cultura en la cual estamos inmersos.

    En Renacer, si bien podemos homenajear a nuestros hijos llevándoles flores al cementerio, u ofreciéndole misas, prendiendo velas o  exhibiendo su foto, hemos aprendido una forma más profunda de homenajearlo, que es con nuestra propia vida.

    Es seguro que cada uno, en su momento, hemos ofrecido nuestra propia vida a cambio de la suya y no nos fue concedido, pero hoy podemos vivirla en su homenaje

     Diariamente, ya sea en nuestro hogar, en la calle, en la oficina o donde sea que estemos, se nos presentan situaciones que nos pueden fastidiar, nos pueden molestar, que habitualmente contestábamos con ira, fastidio o violencia, pues bien, frente a esas situaciones, que son hechos que  no podemos cambiar, ahora podemos, en homenaje a nuestros hijos cambiar también de actitud. Por ejemplo,  en la calle en vez de acordarnos de la familia del otro conductor, en vez de fastidiarnos cuando en la cocina nos pasa algo, en homenaje a nuestros hijos podemos cambiar de actitud y en poco tiempo nos daremos cuenta que ya no contestamos, que ya no nos violentamos, que ya no nos fastidiamos y eso constituye en gran medida ser mejores personas, gracias al homenaje que le estamos haciendo, calladamente a nuestro hijo.

     Se dirá que es difícil, sí, es dificilísimo, pero ¿acaso no es más difícil vivir amargados, desilusionados, llenos de pena y angustia? Entre dos cosas difíciles podemos elegir aquella que sea mejor, todo depende de cada uno y de nadie más.

     La semilla es buena, dependerá de cada uno que caiga en terreno fértil y que la cuide hasta que se robustezca, nosotros sólo trasmitimos el mensaje y les podemos asegurar que es posible.

     Todos hemos llegado de la misma manera.

     Renacer es la esperanza  que llegará un momento, en que la paz interna  que perdimos el día de la partida de nuestros hijos, llenándonos de oscuridad, volverá a nosotros como demostración cabal del triunfo del amor sobre el dolor.

 

                                                                                          29 DE AGOSTO DE 2014

 

     Con el recuerdo más dulce que pueda existir para nuestra querida Ana Zaida.

 

                  Enrique, Ana Doris  y Ulises

 

        De Renacer Congreso – Montevideo, Uruguay

 

                 “Por la esencia de Renacer”

 

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25-10-2013
Tributo a los 25 años de Renacer
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Tributo a los 25 años de Renacer

 

con

 

la palabra de sus creadores

 

 

a través de la serie

 

 

LA PALABRA DE ALICIA Y GUSTAVO BERTI”

 

 

Desde septiembre de 2007 a noviembre de 2013

 

 

 

 

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INTRODUCCIÓN

 

 

                  La serie “La palabra de Alicia y Gustavo Berti”, nació como medio de  difundir los conceptos referidos a la Esencia de Renacer, que se encuentran dispersos en charlas, mensajes, comunicados, encuentros, entrevistas, etc, ordenados por temas, como medio de acceder, mensualmente, a su consideración individual o conjunta en los distintos grupos Renacer, si así lo desean.

                  En su estructura actual, a partir de septiembre de 2007, cada emisión mensual, el último viernes de cada mes, ha sido minuciosa y rigurosamente revisada por Alicia y Gustavo Berti, quienes, cuando a su juicio lo merecía, han sugerido cambios incorporados al texto definitivo.

                  Se encontrarán muchos conceptos ratificados a través de distintos capítulos de la serie, respondiendo al criterio original en el sentido de que “si bien es cierto que muchas veces escuchamos lo mismo, no importa que escuches lo mismo mil veces; nosotros ya no somos las mismas personas, eso lo dijo Heráclito hace dos mil quinientos años, cuando afirmó: "Nunca nos podemos bañar dos veces en el mismo Río”. (Alicia y Gustavo Berti)

                  La primea emisión de LA PALABRA DE ALICIA Y GUSTAVO BERTI”, fue dirigida a 130 direcciones de correos electrónicos,  actualmente la serie se envía a 832 direcciones de correos electrónicos, de las cuales 106 corresponden a grupos Renacer en Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, España, Guatemala, Honduras, México, Paraguay y Uruguay, el resto son enviados a receptores individuales en los mismos países, más Australia, Bolivia, Ecuador, Estados Unidos, Noruega y Panamá y a integrantes de “grupo yahoo” o a través de Blog Renacer, sin perjuicio de algunos destinos, cuya exacta localización se desconoce.

                  En estos años se han recibido múltiples estímulos, también han sido recibidas criticas, sólo de dos personas, las que también han estimulado esta tarea. 

                  Quizá, para nosotros, no haya mejor oportunidad que ésta, para reunir en un único documento la serie de “LA PALABRA DE ALICIA Y GUSTAVO BERTI”, como tributo al trabajo de los creadores de Renacer en sus 25 años,  vividos en homenaje a su hijo Nicolás.

 

                          Ulises, Ana y Enrique

 

        De Renacer Congreso  - Montevideo Uruguay

                      “Por la Esencia de Renacer”

 

                                                                                      5 de diciembre de 2013

 

Nota: Cuando no figura algún mes es porque su lugar ha sido ocupado por el envío del contenido de algún encuentro realizado en el periodo. (Por ejemplo Huerta Grande 2008 y Buenos Aires - Avellaneda 2011)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 - De encerrarse en sí mismo  a salir de sí mismo

a través de la Ayuda Mutua

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        Nada hace más egoísta al hombre y más cerrado en sí mismo, que el hecho de sufrir, pues para el hombre que sufre es sólo él y su dolor, no existe el sufrimiento de la humanidad; en ese momento es solamente su dolor.

        En las situaciones límites, en los casos de intenso sufrimiento, en las conmociones existenciales, toma lugar un verdadero aislamiento existencial; desaparece el mundo circundante que rodea al ser sufriente, no desaparece sólo su significado, sino el mundo mismo y es capaz de hacerle experimentar la nada, en su plenitud y puede observarse como desaparece el “hacia” de la autotranscendencia humana; es como una puesta entre paréntesis del mundo que lo rodea.

        En este reduccionismo en que el ser sufriente ha quedado atrapado en su dimensión psicológica, la dificultad existencial no reside en desde dónde trascender, pues es hecha desde el propio hombre, sino que reside en hacia dónde hacerlo.

        Allí es cuando adquiere relevancia la “ayuda mutua” pues ésta consiste, precisamente, en salirse de uno mismo hacia otro ser humano, hacia un hermano que sufre.

        Es necesario entender al sufrimiento como un fenómeno patrimonio de la humanidad entera, tal como lo es la muerte y la angustia y no como un fenómeno sólo del hombre que lo está viviendo.

        Es importante el análisis del sufrimiento como algo esencial de la humanidad y como una plataforma desde la cual estudiar la posibilidad de asumir una actitud  que desconectándose de sus propias vivencias, reconozca la capacidad para oponerse  a cualquier condicionamiento ya sea físico o psíquico, lo que representa un salto hacia la dimensión espiritual del hombre. 

        Salto que puede considerarse como una situación de desapego con una intencionalidad concreta: el preocuparse por otro ser sufriente que hace posible el distanciamiento del propio yo sufriente.

         Según Frankl el hombre arrojado a esta nada existencial, se enfrenta a dos posibilidades extremas: o permanece en profundos estados llamados de ensimismamiento (hiperreflexión) o se re-encuentra con la autotranscendencia propia de su ser que se designa como dereflexión.

 

        1 – Encerrarse en sí mismo

        Encerrarse en sí mismo o estar mirándose sólo el ombligo puede ser visto como un fracaso en el intento de reconquistar el ser desde esa nada a la que ha sido arrojado.

        Esa actitud es deficitaria, dado que continúa ausente el mundo, es decir, el “hacia” o el “a dónde” de la trascendencia.

        En este caso puede verse al sufrimiento como un anclaje existencial en la soledad absoluta de la individualidad, o como la imposibilidad de poder salir de  hechos que le pueden suceder a un ser humano, los que impregnan el ocurrir del mundo.

        Así, el ser sufriente, habiendo perdido la existencia del ser del mundo en el cual es, se refugia en sus propias experiencias, dando lugar a estados de ensimismamiento de los que no puede desapegarse.

        El hombre se ve inmerso en una ocupación egoísta en sí mismo, una especie de auto-contemplación psicológica perpetua, que conduce a disecar su vida anímica en la que las emociones se aferran a él, lo poseen y lo posicionan en su mundo interior.

        La conciencia, que sólo puede ser considerada como «conciencia de», en estos casos es rápidamente transformada en «conciencia de dolor». De aquí en adelante todas las experiencias y vivencias de ese ser sufriente serán percibidas a partir de un estado de conciencia uni-intencional, la «conciencia de dolor» en la que el «hacia donde» de cada acto remite  a la propiainterioridad de la persona.

        Bernanos, en su libro Memorias de un Cura Rural, describe la pérdida de la trascendencia en la voz de su personaje principal: “Hoy he rezado sólo por mí. Dios no vino”

         Ante cada nueva situación que se presenta se reacciona siempre de la misma manera. Esto tiene vigencia en los grupos, particularmente cuando algún integrante hace gala de una actitud fatalista ante el sufrimiento o, en términos psicológicos, asume conductas cristalizadas ante él.

 

        2 -La autotrascendencia, salir de sí mismo.

        La otra posibilidad es la de emerger como un nuevo hombre, como un hombre capaz de transcenderse sin perder su ser en el proceso.

        Estamos hablando, en otras palabras, de la autotrascendencia como un proceso mediante el cual el hombre debe “volver” a su ser para conocerlo, y a posteriori olvidarlo nuevamente, haciendo realidad ese auto conocimiento de los valores humanos propios que habían permanecido larvados y desde su nuevo ser, usándolo como plataforma, desplegarlo en una nueva actitud trascendente.

        Esto es la puesta en práctica de lo que en filosofía consiste en el pasaje del plano caracterizado por el excesivo reflexionar sobre un sentimiento, al plano metafísico en el que ese mismo sentimiento es visto desde afuera, como espectador desinteresado, desapegado de ese particular estado de involucramiento con los hechos que impregnan el ocurrir del mundo.

       Sin embargo, aún es necesario otro paso para que la autotrascendencia se lleve a cabo, que es la presencia de un “hacia donde” trascender.

       Dicha presencia es la de un «Otro» con su reclamo inescapable y mediante la cual ese espectador desinteresado es capaz de salirse de sí mismo sin aniquilarse, sin perder su ser pero des-hechizado de él, en palabras de Levinas.

        Nietzsche dice que quien alcanza su ideal precisamente por ello va más allá de él mismo, en otras palabras se transciende a sí mismo.

        La ayuda mutua es el ámbito adecuado para que el hombre doliente despliegue la autotrascendencia, propia del ser humano, entendida como la salida de su ensimismamiento.

        En la ayuda mutua ese ideal que menciona Nietzsche, es el Otro que sufre  y necesita de nosotros y en ese requerir está implícito no sólo un trascender orientado “hacia” el otro ser sufriente, sino un “regresar” a su propio ser para asumir una actitud trascendente no sólo “desde” sino “hacia” él mismo.

        Una actitud que lo haga elevarse por sobre sus propias emociones y sentimientos, puesto que lo requerido es que se cambie a sí mismo, que se levante por sobre su dolor para ayudar a otro ser que sufre, para lo cual es necesario que deje atrás su propio dolor y asuma una actitud que trasunte amor y paz interior.

        Así podemos pasar, casi sin darnos cuenta, de encerrarse en sí mismo —ayuda mutua mediante— a la libertad a través de la autotranscendencia.

 

        El significado de la presencia del Otro.

        En los grupos de ayuda mutua aparece la presencia de otro ser sufriente con la dimensión de fenómeno y con un brillo propio tan intenso que no puede ser ignorado, la presencia de otro ser sufriente, de otro rostro que requiere; que más que requerir, demanda atención y con él aparece nuevamente el “hacia” de nuestra intencionalidad, un “hacia donde”, “hacia quién”, que facilita la dereflexión frankliana, como instrumento de la autotranscendencia a reconquistar.

        A lo largo de los años, en reuniones mantenidas con diferentes grupos Renacer de Argentina, Uruguay, Chile y España, hemos hecho una misma pregunta a los integrantes de los grupos, una pregunta en cuyo preguntar se abre el camino, no sólo a una adecuada comprensión del fenómeno de la ayuda mutua, sino a la experiencia del Otro como igual.

        Esta pregunta es: ¿cuál creen ustedes que es el requisito fundamental para la existencia de la ayuda mutua? ¿Qué es aquello sin lo cual la ayuda mutua no podría existir? Solíamos obtener respuestas de la más variada índole, aunque ahora con el pasar de los años se ha comprendido su significado. Así, por ejemplo, alguien decía ¡El amor!, otro ¡El sufrimiento!, mientras que un tercero replicaba ¡Un lugar para reunirnos!

        En ese momento se imponía un breve paréntesis para que todos pudieran sopesar las respuestas y crear una adecuada expectativa, en el ambiente que en tensión la esperaba, momento en el cual dicha respuesta tomaba vida: ¡El requisito indispensable para la ayuda mutua es… la presencia de un Otro!

        No puede haber ayuda mutua si estoy solo en el lugar de reunión!

        Por esta razón es que debo cuidar más al Otro que a mí mismo, es el Otro el que permite y facilita el despliegue de mi trascendencia. Es el Otro que me interpela cara a cara, cuya presencia es experiencia antes que palabra, experiencia de un sufrimiento compartido que no puedo rechazar ni negar a riesgo de negarme a mí mismo.

        Esta experiencia del Otro, que brilla con luz propia imposible de ignorar, abre las puertas al problema de la intersubjetividad.     

        Esta experiencia se da en toda su plenitud en el mundo común del sufrimiento, en la que ambos, mi propio yo y el Otro comparten absolutamente la misma experiencia.

        El camino al aislamiento, que se había planteado al comentar la reducción existencial queda anulado en la ayuda mutua, en la medida en que se comparte la experiencia “existencial” del Otro y se produce el salto del egoísmo a la trascendencia del propio yo, la autotrascendencia, propiciada por esa experiencia.

        Es en la trascendencia, con la presencia del rostro que me reclama, donde la ayuda mutua adquiere su peso conceptual al reconocer que el individuo concreto sólo puede ser rescatado por una salida hacia el Otro motivada únicamente por la dimensión de lo ético. 

        La autotrascendencia consiste en desconectar a la persona de sus propias vivencias para observarlas como vivencias universales, esta capacidad de todo ser humano de desconectarse, desapegarse de emociones propias es una de las formas de manifestación del espíritu.

        Para Frankl el espíritu como tal, debe ser necesariamente libre para ser facultativamente a-intencional o, dicho en otras palabras, la a-intencionalidad es la demostración de la absoluta libertad del espíritu.

        Cuando una persona que sufre una crisis existencial llega a un grupo de ayuda mutua, lo hace con todo su sufrimiento encima, no con el de la humanidad. El hecho inicial, intuido, de encontrarse con 40 o 50 personas que están experimentando la misma crisis existencial, tiende automáticamente a elevarla por sobre sus emociones y sentimientos y hacerle ver a ese sufrimiento como un fenómeno perteneciente a la humanidad, como algo inherente a la esencia del hombre.

        La resignificación del sufrimiento como esencial humano se refleja en la conocida frase común a los grupos de ayuda mutua: “Dolor compartido es dolor diluido”, frase que en realidad significa que la percepción de la universalidad del dolor facilita la aceptación individual.

        Lo esencial reside en el sufrimiento como fenómeno humano común a todos los hombres, mientras que lo existencial reside en la manera individual de sufrir, en vivir el propio sufrimiento sin escaparle, sin negarlo, sin considerarlo una enfermedad.

        La esencialidad del sufrimiento ha sido notablemente transmitida por Buda a través de la descripción del carácter ineludible del sufrimiento, la vejez y la muerte. 

        La importancia de esto desde un punto de vista práctico para el funcionamiento de un grupo reside en que la puerta hacia la la autotrascendencia se abre de una manera espontánea, a partir de la comprensión intuitiva del sufrimiento como aspecto esencial del hombre. 

        Frankl ha insistido en que en la eterna dialéctica entre el hombre y la vida, donde  la vida es quien pregunta y el hombre es quien debe responder.

        A partir de este enunciado tenemos derecho a pensar que la respuesta del hombre debe tener el mismo o mayor valor o jerarquía que el interrogante, de lo contrario la vida tendería a la involución y no a la evolución. Esto contribuye a confirmar la aseveración de Frankl que el hombre común y corriente que forma parte de cada cultura tiene un conocimiento apriorístico de los valores, como si estuvieran larvados, que lo guían siempre hacia adelante, hacia un futuro mejor, hacia una búsqueda de sentido en tales interrogantes, como una brújula que apunta siempre al norte.

        Si a lo largo de esta línea de pensamiento tomamos a los grandes existenciales del hombre como son la culpa, la muerte, el sufrimiento y los analizamos desde la doble perspectiva de fenómenos específicamente humanos y de interrogantes, tenemos entonces que la respuesta debe ser, en primer lugar mediante otro fenómeno, también específicamente humano, y en segundo lugar debe ser cualitativamente igual o superior al fenómeno planteado como interrogante y de esta manera llegamos a la dignidad, el amor y el servicio como aspectos del sentido que yace oculto tras todo sufrimiento y se muestra en toda su luminosidad la libertad humana, que reside en su capacidad de des-ocultar esa verdad, ese sentido y darle vida sin alterarlo, sin desmerecerlo, sin reducirlo.

         Finalmente, en la medida en que el carácter esencial, tanto del sufrimiento como de la respuesta al mismo pueda ser percibido por los integrantes de un grupo, será factible, asimismo, la percepción fenomenológica del grupo como una entidad común, como la constitución intersubjetiva de un mundo común y, en tal sentido, objetivo y factible de ser percibido de igual modo por cada uno de los integrantes.

 

                                                        Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                 gyaberti@calamuchitanet.com.ar

                                                                                               28 de septiembre de 2007

 

 

2 - La oportunidad de pensar lo no pensado

 

         Partiendo de la base que los grupos de ayuda mutua se constituyen en la búsqueda de nuevos caminos frente a los modelos vigentes, una búsqueda originada al constatar que lo ofrecido por la sociedad formal ortodoxa, no es la solución para sus problemas,  es de suma importancia dar a los grupos de ayuda mutua un sustento filosófico que permita, no sólo su reproducción, sino también su inserción social sobre marcos referenciales sólidos.

         El grupo existencial Renacer para padres que enfrentan la muerte de un hijo, originado en 1988 en la ciudad de Río Cuarto, confrontó al modelo imperante hasta ese momento, de acuerdo con el cual la única alternativa que existía para un padre que perdía un hijo, si necesitaba acompañamiento en ese proceso debía recurrir a quienes tradicionalmente habían “tutelado” dicho proceso, es decir, a los especialistas en las ciencias de la psiquis y los representantes de las diversas religiones.

         Planteada la ayuda mutua como un nuevo enfoque, como todo marco conceptual nuevo, tiende a cuestionar las inoperantes estructuras vigentes, con la consecuente reacción de las ya establecidas, de ahí que se hace necesario profundizar acerca del significado de los modelos fundamentalmente en cuanto al obstáculo que pueden representar para esta tarea.

         En consecuencia, se impone una mirada sobre los modelos en los que se han de basar, dado que no podemos separar al hombre, ni a sus grupos, entre ellos los de ayuda mutua, del mundo en que viven  así como de las estructuras que los modelos ayudan a crear. 

         Por modelo se entiende un conjunto de símbolos que nos permiten definir un fenómeno determinado y  el conjunto de modelos forman los paradigmas  que son la totalidad de valores, técnicas, modelos, etc., compartidos por los integrantes de una comunidad determinada, que se asienta sobre un substrato de creencias, imperativos y compromisos históricos no conscientes.

         Es una realidad significativa el hecho que los integrantes de una sociedad no sean mayoritariamente conscientes de cómo esa visión del mundo afecta su manera de interpretar la realidad y entender con claridad los fenómenos imperantes.

         Esto plantea la necesidad de ser conscientes del modo en que un determinado paradigma compromete y condiciona el modo de pensar de los individuos, al punto tal que las ideas originales y renovadoras corren el peligro de ser rechazadas al colisionar con las actualmente vigentes.

         Las visiones del mundo adquiridas como tales desde la infancia, a través de diversos procesos educativos tutelares, no son fácilmente cuestionadas y su capacidad para regir nuestra interpretación de la realidad va mucho más allá de lo pensado.

         Sin embargo, cuando se vive una situación límite, como es el caso de la pérdida de un hijo, acontece que la existencia se da vuelta como un guante de goma que se saca de la mano, todo lo que estaba adentro quedó afuera y todo lo que estaba afuera quedó adentro; es un cambio totalmente radical, ya no somos los mismos   ni podemos serlo; en esa frontera entre lo cognoscible y aquello que está más allá del límite, en la cual por el sufrimiento intenso se llega a una situación de aislamiento en la que desaparece el mundo circundante que rodea al ser sufriente y le hace desaparecer no sólo su significado, sino el mundo mismo; situación capaz de hacerle experimentar la nada en su plenitud y hacer desaparecer también toda visión previa del mundo.

         Es a partir de ahí que se presenta “la” oportunidad de toda una vida; en la que se abre  la posibilidad de una nueva visión  y con ella un cambio radical en el “hoy” del ser, en palabras de Heidegger se hace presente la posibilidad de pensar lo no pensado, como un proceso de creaciónauténtico, yendo más allá de un mero desocultar algo que ha permanecido oculto, sino que ir más allá de los límites, más allá inclusive de la misma verdad, vislumbrando así un nuevo mundo generado a partir de esta revolución interior, pero también con él se hacen visibles las grandes resistencias de las estructuras vigentes.

         Como toda actividad humana se estudia, evalúa, razona y valora a partir de la estructura propia de dicha  cultura, somos prisioneros de dichas estructuras, y son precisamente éstas las que se oponen a las renovaciones culturales, puesto que los cambios de paradigmas se suceden muy lentamente y no se aprecian hasta que se produce una verdadera colisión entre ellos.

         El reconocimiento de estas posibles colisiones es importante para los integrantes de los grupos de ayuda mutua, dado que, en muchos casos, por ejemplo, implica un rechazo a todo tipo de tutelaje preexistente, como lo indica el hecho de no existir jerarquías ni autoridades.

         En nuestra cultura occidental la visión actual del hombre y del mundo en el que vivimos se denomina «Paradigma Occidental». En este paradigma imperan, entre otros, como se verá, modelos atomistas (aquellos que tratan de reducir todo a su más pequeña expresión, que es el átomo), materialistas (sólo aceptan como real aquello formado por materia demostrable), racionalistas (sólo es válido lo que se demuestra por vía de la razón), etc. a saber:

 

         1- El Modelo Antropológico: Este modelo reconoce un “hombre fotográfico”: tal como la cámara, cuando más abiertos están sus ojos a la verdad del intelecto (cuando más abierto está el diafragma de la cámara), más enfocamos sólo aquello que está más cerca de nuestros ojos, más oculto permanece el bosque por el árbol. Existe un agravante: una fotografía es una copia de la realidad reducida, sólo se ve en dos dimensiones, y así, con una visión  bidimensional, bio-psíquica, ven al ser humano.

         Este modelo deja de lado una de las tres dimensiones del ser humano, y nada menos que la dimensión espiritual.

 

         2- El Modelo Sociológico: Predominio de la masificación por sobre el valor individual de la persona, pérdida progresiva de la capacidad de reflexión individual con tendencia a lo que se ha denominado sincronización emocional con las consiguientes respuestas impulsivas.  

         Si en este momento tratamos de analizar el anonimato de ciertos grupos de ayuda mutua podemos considerarlo como un libre despojarse de la libertad y responsabilidad individual, para sumergirse en un colectivismo anónimo, a través del cual se pretende, paradójicamente, encontrar la dimensión espiritual que les permita reafirmarse como seres libres y responsables.       

Cada civilización produce sus propias enfermedades, y en nuestra cultura occidental vemos crecer a paso agigantado el fenómeno de la masificación, como resultado del conformismo, y de la misma forma nos hemos hecho conscientes que así como existen neurosis individuales, existen también neurosis colectivas. Desde el punto de vista de la responsabilidad individual   es indudable que si una persona acepta masificarse como refugio contra el peso de la libertad y la toma de responsabilidad que ello trae aparejado, deberá también aceptar las neurosis colectivas en las que esa sociedad de masas lo sumerge, sin preguntarle, pero sin darle posibilidades de salida mientras no opte por singularizarse.

 

         3- El Modelo Ideológico: Se dice que vivimos en un mundo donde las ideas parecen no existir, se han transformado en ideologías (ideas fosilizadas que son repetidas sin que nadie tenga clara conciencia del contenido). Un estilo de vida cada vez más individualista y que nos ha mostrado la desaparición de los grandes sistemas solidarios que florecieron a principio del siglo pasado; un mundo englobado por una ideología neoliberal dependiente del libre flujo de capitales, reducido poder del estado nacional y de las fronteras entre naciones y, muy particularmente, signado por la flexibilización, no sólo laboral sino de todo tipo de relación entre sujetos y entre éstos y el poder.

 

         4- El Modelo Religioso: Es necesario aquí hacer la salvedad que en todo paradigma, aun como construcción humana que es, el hombre, si bien ocupa un lugar importante, casi central, permanecía en él como “creación”. Hemos entrado en los últimos treinta años en una colisión de paradigmas que se origina cuando nace, a fines de la década del 70, el primer bebé de probeta, alcanza su máxima expresión hoy cuando la clonación de animales es un hecho corriente y ya se habla de estar en condiciones de clonar seres humanos. Este nuevo paradigma tiene como figura central un hombre capaz de crear vida, ya no sólo vida vegetal y animal, sino “capaz de crear vida humana”; estamos entrando en un paradigma cuyo efecto es aún imposible de predecir en el que la figura central sea el “hombre Creador”.

         En cada era en la que se produjo una colisión entre paradigmas, hubo episodios de desconcierto y confusión, y esta era no es la excepción. Una posible derivación temprana de este nuevo paradigma que incorpora al hombre como “Creador” es el surgimiento de los fundamentalismos religiosos más acérrimos e intolerantes.

 

         5- El Modelo Psicológico: El hombre es juguete de sus impulsos, con un aparato psíquico controlado por mecanismos, dinámicas e impulsos modulados por fuerzas fisiológicas; empujado por sus instintos, especialmente el instinto sexual y el de autopreservación; nunca atraído hacia valores, sin dimensión espiritual, en el que predominan la voluntad de placer y la voluntad de poder, en el que el deseo juega un rol fundamental y se ignora la voluntad, específicamente humana, de encontrar sentido a los grandes interrogantes existenciales. Se concibe y trabaja con un ser humano que prioriza sus emociones y que cree tener un derecho inalienable a la felicidad, considerando a ésta como una meta. 

         También se considera a la psiquis humana como una caja vacía sujeta a reaccionar frente a los estímulos que le son presentados, sin capacidad de agregar su impronta personal a una respuesta evocada por un estímulo determinado, como es el caso del conductismo y sus variantes más modernas. 

         En 1997 en la página central del Puntal, diario de Río Cuarto, del domingo 7 de diciembre, aparece un comentario de un psiquiatra biologista que reproduzco dada las enormes implicancias de las aseveraciones vertidas. Dice el profesional: “En el sistema nervioso tenemos sustancias de neurotransmisores que regulan nuestra vida psíquica en todo, no sólo en el pensamiento, sino en la vida sexual, en la temperatura corporal, la vigilia, la búsqueda compulsiva de dulces... la agresividad, la obsesión, la irritabilidad. Todos estos factores que pareciera que los regula uno, que uno es dueño de la conducta, se ha descubierto que no, que somos esclavos de nuestra biología cerebral. Somos así porque no podemos ser de otra manera”.

         Así, de un plumazo la neurobiología cerebral nos ha privado no sólo de nuestra libertad como hombres, sino también de nuestra responsabilidad. Esta nota es un fiel exponente de un modelo de reduccionismo biologista.

 

         Todo este conjunto de modelos que utilizamos, de manera consciente o no, en nuestra vida diaria nos ha llevado a un paradigma de vida sin sentido ni valores. Este paradigma está centrado en el hombre, y ha generado una civilización que prioriza un hombre individualista, despojado de toda orientación hacia algo que no sea sí mismo.  

         Debemos ser conscientes, sin embargo, que todas las civilizaciones han desaparecido y la nuestra no parece ser la excepción; pero además, mientras duran, suelen producir sufrimientos que le son propios y que, muy probablemente, exceden el alivio que esta misma civilización pueda haber traído a los sufrimientos normales del hombre ocasionados por generaciones anteriores. No es de extrañar entonces la desesperanza de nuestros jóvenes con el consiguiente incremento en la tasa de drogadicción, alcoholismo, violencia, bulimia y anorexia, adicción al vértigo y al peligro (...accidentes de autos y de motos en franco aumento), perversidad y violencia contra los demás y contra sí mismo (suicidio).

         ¿Qué podemos esperar pues de un hombre egocéntrico enfrentado a un mundo en el que no puede encontrar valores dignos de ser realizados y en el que el sentido parece ser tan esquivo que algunos ni siquiera insisten en vivir?

 

Un modelo que incorpora el fenómeno espiritual.

 

         A los modelos centrados en el hombre, podemos oponer un modelo que no se satisface con iluminar el fenómeno psíquico sino que incorpora el fenómeno espiritual en la existencia humana, mediante el cual, puertas que permanecían cerradas al substrato emocional se abren a las potencialidades del espíritu humano. (Lükas)

         Frankl nos dice que el hombre posee un conocimiento intuitivo de los valores hacia los que se siente arrastrado, cuando se refiere al modo de obrar de nuestra conciencia, la cual ubica en el mapa humano en la dimensión del “inconsciente espiritual”.

         Todo esto nos indica que la dimensión del ser humano, la que es especifica de él como tal, es decir, la dimensión espiritual,  se expresa de una forma irrefleja, y, por extensión, cuando reflexionamos sobre nuestros sentimientos o emociones con el afán de entenderlos, casi seguramente nos eludirá sutilmente.

         Esta peculiaridad de nuestra dimensión espiritual de ser irrefleja, es significativa, dado que muchos grupos de ayuda mutua trabajan con un programa llamado de 12 pasos, el objetivo último de los cuales consiste en alcanzar “la espiritualidad”. La pregunta ahora es la siguiente: ¿cómo hacer para reflexionar sobre aquello que por naturaleza es irreflejo, es decir, no es pasible de conocimiento por vía de la reflexión?

         La reflexión en un marco grupal puede conducir, en demasiadas ocasiones, a procesos de desenmascaramiento, en los que detrás de cada palabra hay siempre algo oculto; nuestra experiencia es que los grupos de ayuda mutua deben evitar desenmascarar (autoreflexionar lo que lleva a encerrarse en sí mismo) en cómo y porqué ha sucedido todo lo que nos angustia; por el contrario, preocuparse por ayudar a descubrir las posibilidades que están latentes en la vida de cada uno de nosotros, inclusive, y por qué no, y más aún en el sufrimiento.

         Estamos hablando de un descubrir basado en ayudar a los integrantes para que el análisis de sus vidas comience a orientarse hacia los para qué en lugar de los de dónde.

         A lo largo de este proceso de cambio es importante comprender que existen valores que merecen un no rotundo, así como otros, por los que vale la pena hasta dar la propia vida.

Sólo con un conocimiento de estos valores, y en relación con ellos pueden los grupos ayudar a sus miembros a saltar por sobre los obstáculos de sus temores y condicionamientos  o emociones.  

          Veamos la forma en que el modelo de hombre y de mundo que nos ofrece Víctor Frankl desde la Logoterapia y el Análisis Existencial se enfrenta al paradigma vigente.

         Este modelo considera al hombre como un ser bio-psico-espiritual, sin dejar de ser una unidad dentro de la multiplicidad de dimensiones; consciente, responsable y siempre orientado a algo o alguien más allá de él mismo; integrado a una sociedad como persona única e irrepetible, aportando su unicidad para el desarrollo de esa comunidad en una tarea solidaria; comprometido existencialmente en la búsqueda de valores y sentidos que esperan ser realizados por él, con una fe teísta y una filosofía existencial que lo lleva al optimismo y lo reconoce libre y consciente, inserto en un mundo de responsabilidad, siendo suya la decisión sobre el ante qué o quién se hace responsable, ya sea su propia conciencia, la vida, la sociedad, Dios, o por último aquellos seres que lo han precedido en el viaje evolutivo que llamamos muerte.

         Este nuevo hombre se encuentra inserto en un mundo de valores y sentidos, que hace suyos sólo con no escapar a las preguntas que la vida misma va haciéndole según pasan los años; un mundo en el que ese hombre afirma su existir ya sea creando, amando y, cuando el tiempo llega, sufriendo si es necesario, pero asumiendo una actitud que lo haga digno de ser hombre.

         En este momento estamos en condiciones de preguntar qué deben ofrecer los grupos de ayuda mutua a quienes buscan y necesitan de su amparo y protección. Ciertamente la transformación de grupos de ayuda mutua en una forma de psicoterapia gratuita terminaría destruyendo su razón de ser.

         Los grupos deben dar un giro radical, y trabajar, no en los porqué, sino en los para qué y en los “a pesar de todo”, y en buscar el sentido en las posibilidades que esperan aún ser realizadas. Por lo tanto, deben brindar primeramente aquello que la sociedad no puede ofrecer, ya sea por carecer de ello totalmente, por incapacidad para percibirlo o falta de voluntad para acercarlo a los necesitados.

         Descubrir y sacar a relucir lo personal, lo individual, lo excepcionalizado debe ser el propósito de los grupos de ayuda mutua en cuanto se constituyen en el nivel de análisis existencial.

         Víctor Frankl afirma que ser hombre es ser consciente y responsable.

         Desde el punto de vista ético “el hombre incondicionado es el hombre que sigue siendo hombre aún en las más desfavorables e indignas condiciones; el hombre que en ningún momento abdica de su ser, sino que se aferra a él incondicionadamente”

         Víctor Frankl nos dice que “...el hombre es un ser incondicionado porque no se agota en su condicionalidad porque ninguna condición es capaz de definirle plenamente; la condicionalidad le condiciona, empero no lo constituye...” es incondicionado a pesar de este sometimiento; lo esa pesar de las condiciones, en medio de las cuales se encuentra.

         Frankl no entiende la libertad de, sino la libertad para que, es decir, que el hombre no es libre de sus instintos y emociones, sino que precisamente es libre para oponerse a ellos, y que es justamente en ese salirse afuera (de sí mismo) para oponerse a sí mismo, donde se manifiesta en todo su esplendor la dimensión espiritual del ser humano.

         Después de todo, ex-sistir significa vivir hacia fuera, proyectado siempre hacia un futuro en el que yacen las posibilidades que esperan ser convertidas en realidad.

         Hemos recorrido un camino que nos ha llevado de viaje por el significado de los paradigmas como construcciones mentales, en gran medida tutelares del pensamiento, y también por el concepto de hombre fundamentalmente con el objeto de mostrar el campo de las  libertades tratando, además, de rescatar lo más humano del hombre, aquello que deberíamos tener siempre presente y que, paradójicamente, pareciera, hoy más que nunca, estar a punto de desaparecer en un mundo que extrema todos sus recursos e inteligencia para exterminarse a sí mismo.

 

                                                      Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                              gyaberti@calamuchitanet.com.ar

                                                                                                26 de octubre de 2007

 

 

 

3 - Sobre el destino

         Cuando una persona ha sido señalada por la vida merced a una crisis existencial u otra tragedia, una de las primeras preguntas que se plantea es ¿Por qué a mí; qué es lo que he hecho para merecer semejante desgracia?

         Esta pregunta nos conduce directamente a la relación del hombre con el destino.

         Cuando esa persona se acerca a un grupo de ayuda mutua lo primero que se hace evidente es que esa pregunta debería ser reemplazada por otra: ¿Por qué a nosotros?, despojando así a la persona del sentimiento, muchas veces vergonzante, de ser el único ser sufriente, el último y más despreciable ser del universo, lo que debiera producir algún alivio sin necesidad de discurso previo.

         Sin embargo, es tan frecuente escuchar a los integrantes que se acercan por vez primera a una reunión grupal insistir, cuando se les concede la palabra, ¿Por qué a mí?, así como es frecuente escuchar, casi a coro, la respuesta: ¡Porqué no a ti! Con lo que estamos como al principio. En realidad la pregunta nos remite a la cuestión del destino y es acerca del significado de ese destino que debemos interrogarnos.

         Durante nuestra permanencia en los grupos Renacer para padres que enfrentan la pérdida de hijos, hemos visto cuan conflictiva es la relación del hombre, no ya con edestino, sino con supropio destino, en la medida en que pareciera afectar sólo a él; relación difícil, en la que el hombre toma un rol inquisidor, cuestionador, ubicándose, una vez más, de manera equivocada, en el papel de amo del universo.

         Para el hombre egocéntrico que se considera a sí mismo el centro del universo, con las cosas y los hombres girando alrededor suyo para su beneficio y usufructo, el destino no puede ser visto sino como una afrenta personal, frente a la cual no tendrá respuesta alguna, dado que, como dice Elisabeth Luka: “…sólo a partir del momento en que el mundo puede ser percibido independiente de las condiciones que prevalecen en el observador, puede ser comprendido, en término de los elementos de sentido, aquello que da sentido a la existencia humana y capacitan al observador para responder a las preguntas planteadas por la vida, las que aguardan ser realizados por él.” 

         Pero, ¿cómo es en realidad ese destino que tanto nos ha herido en la vida? ¿Estamos indefensos ante él? ¿Somos entidades separadas? ¿Tenemos algo que decir? ¿Estamos a merced de las circunstancias que la vida nos depara? ¿Participamos de ellas? ¿Podemos, en alguna medida, forjarlas y ser artífices de nuestro propio destino? ¿Es este destino pasado, presente o futuro, o es como la vida misma un continuo plegarse y desplegarse? ¿Preguntamos o respondemos?

         Por último ¿es algo que llega a nosotros desde la vida, o es, como pensaba Rilke, algo que sale desde nosotros hacia ella?

Se abre así un interrogante de capital importancia:¿Debe el hombre vivir libando continuamente en un pasado impuesto, lleno de memorias dolorosas que son fuente de lamentos en el presente? ¿O acaso tiene algún grado de libertad en sus respuestas?

         Al respecto, Frankl nos dice: “El hombre elabora la materia que el destino le brinda: unas veces creando, otras viviendo o padeciendo, se esfuerza por cambiar su vida lo más posible para convertirla en valores, en valores de creación, de vivencia o de actitud”.

         Noten que Frankl dice que el destino nos brinda, casi con ternura. Más adelante, nos dice:"El destino le pertenece al hombre como la tierra que lo ata con la fuerza de la gravedad, sin la cual caminar no sería posible. Tenemos que ver nuestro destino como la tierra sobre la que nos movemos, el piso que ofrece el trampolín para nuestra libertad... La tierra sobre la que el hombre se mueve y trasciende ya durante el andar sobre ella, y es tierra sólo en cuanto puede ser trascendida, o sea, que significa una base para el despegue.

         Si se quiere definir al hombre, habría que definirlo como el ser que hasta puede liberarse de aquello que lo determina.”

         Algo similar nos dice Rilke "El que no acepta de una vez con resolución, incluso con alegría, la dimensión terrible de la vida, nunca disfrutará de los poderes inefables de nuestra existencia, quedará marginado y, a la hora de la verdad, no estará vivo ni muerto”.

         Según Nietzsche, para los antiguos, cualquier mal estaba justificado a condición que los dioses se complacieran en mirarlos. Este pensamiento puede enfocarse a la inversa y decir que habiendo acaecido algún mal, está en el hombre ganarse la mirada y el respeto de su Dios haciéndose sagrado merced a la actitud con la que asume su destino.

         El hecho de ver al destino como lo que sale del hombre, reivindica para ese ser, para nosotros, la capacidad de modificarlo, de hacer que no sea algo estático, mecánico, conceptualmente acabado e imposible de ser modificado, sino que sea finalmente un producto de nuestra propia existencia, de nuestra propia libertad, de nuestra responsabilidad ante la propia vida y de la manera en que la vivimos.

         En la medida en que tanto la libertad como la responsabilidad son fenómenos que tienen su origen en la dimensión espiritual del hombre, podemos aventurar que el “destino” no es otra cosa que un «llamado» al espíritu humano.

         Este concepto del destino como un producto humano, permite elegir que esta  realización sea dirigida no hacia lo que recibimos “de”, sino hacia lo que nosotros damos al mundo, permitiendo, eventualmente, cambiarnos y cambiar el mundo. Por ejemplo: si pierdo un hijo joven en un accidente de moto, y veo su destino como una muerte injusta y mi destino como una vida de sufrimiento, consecuencia de dicha pérdida, en ese instante he renunciado no sólo a mi libertad sino a mi autotrascendencia.

         Sin embargo, si considero al destino como aquello que sale de mí, puedo entonces, merced a mi actitud, no sólo dotarlo de sentido, transformándome en un nuevo (mejor) ser humano, sino que puedo trasformar una muerte inexplicable, otorgando a mi hijo el papel de catalizador de mi transformación existencial, y convertir su muerte prematura en un supremo sacrificio, al que yo he elegido dotarlo de póstuma intencionalidad.

         Aun en el caso que el hombre entienda al destino como aquello inesperado e indeseado que entra a él, las situaciones límite le ofrecen la oportunidad de lograr la pérdida de la angustia ante la posibilidad de tener que “elegir”, puesto que ya todo ha sido elegido.

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25-10-2013
Renacer es un hecho culturalmente revolucionario
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Renacer es un hecho culturalmente revolucionario

 

           Cuando se vive una situación límite, como es el caso de la pérdida de un hijo, acontece un cambio totalmente radical, ya no somos los mismos ni podemos serlo; en esa frontera entre lo cognoscible y aquello que está más allá del límite, el sufrimiento intenso lleva a una situación de aislamiento en la que desaparece el mundo circundante que rodea al ser sufriente y le hace desaparecer no sólo su significado, sino el mundo mismo; situación capaz de hacerle experimentar la nada en su plenitud y hacer desaparecer también toda visión previa del mundo

           Las visiones del mundo adquiridas desde la infancia, a través de diversos procesos educativos tutelares, son difícilmente cuestionadas y su capacidad para regir nuestra interpretación de la realidad, va mucho más allá de lo pensado.  

           De manera consciente o no, el conjunto de modelos que se utiliza, en nuestra vida diaria puede llevar a un paradigma de vida sin sentido ni valores, paradigma que está centrado en el hombre, y ha generado una civilización que prioriza un hombre individualista, despojado de toda orientación hacia algo que no sea sí mismo.

           ¿Qué podemos esperar de un hombre egocéntrico enfrentado a un mundo en el que no puede encontrar valores dignos de ser realizados y en el que el sentido parece ser tan esquivo que algunos ni siquiera insisten en vivir?

           El grupo existencial Renacer para padres que enfrentan la muerte de  hijos, confrontó al modelo imperante hasta ese momento, de acuerdo con el cual la única alternativa que existía para un padre, si necesitaba acompañamiento en ese proceso debía recurrir a quienes tradicionalmente habían “tutelado” dicho proceso, es decir, a los especialistas en las ciencias de la psiquis y los representantes de las diversas religiones.

           Renacer se originó en una decisión moral al descubrir que la vida y las cosas no necesariamente deben ser como se las ve que son y en ese “no necesariamente deben ser como se las ve que parecen ser”, pueden ser mejores.

           La base de los grupos de ayuda mutua es que se constituyen en la búsqueda de nuevos caminos frente a los modelos vigentes, una búsqueda originada al constatar que lo ofrecido por la sociedad formal ortodoxa, no es la solución para sus problemas.

           Planteada la ayuda mutua como un nuevo enfoque, como todo marco conceptual nuevo, tiende a cuestionar las inoperantes estructuras vigentes, con la consecuente reacción de las ya establecidas, de ahí que se hace necesario profundizar acerca del significado de los modelos fundamentalmente en cuanto al obstáculo que pueden representar para esta tarea.

            

          Es a partir de ahí que se presenta “la” oportunidad de toda una vida; en la que se abre  la posibilidad de una nueva visión  y con ella un cambio radical en el “hoy” del ser, en palabras de Heidegger se hace presente la posibilidad de pensar lo no pensado, como un proceso de creación auténtico, yendo más allá de un mero desocultar algo que ha permanecido oculto, si no ir más allá de los límites, más allá inclusive de la misma verdad, vislumbrando así un nuevo mundo generado a partir de esta revolución interior, entonces, también se hacen visibles las grandes resistencias de las estructuras vigentes.         

           Hay hechos que cambian a las personas y la muerte de un hijo es uno de esos hechos.         

           En Renacer vemos a personas que, de acuerdo a muchos estándares, deberían estar destruidas porque han sufrido la tragedia, que representa el peor de los miedos para las personas que tienen hijos, es decir, la realidad de haber perdido un hijo, sin embargo, esas personas se levantan, se hacen solidarias, compasivas y colaboran para que la comunidad en la que viven sea un mejor lugar para vivir.

           A primera vista, pareciera imposible que de un colectivo de personas golpeadas por el destino de forma tal que no encuentran otra alternativa a su tragedia que agruparse con compañeros de ruta, pueda emerger una transformación cultural asentada sobre bases morales y éticas que tuviesen la suficiente fuerza para derramarse sobre una sociedad supuestamente sana y que es la que debería haberse levantado para contener y acoger a quienes transitaban por su hora más oscura, en esa noche negra del alma, pero este supuesto imposible es, en efecto, una realidad que cuestiona severamente a la misma sociedad.

           Esto demuestra, que Renacer como grupo de ayuda mutua de padres que enfrentan la muerte de hijos, es una verdadera revolución cultural, pues cultura es aquello que el hombre es capaz de modificar las cosas y esa capacidad para modificar las cosas, para hacer a las cosas distintas a como son, exige la capacidad de hacerlas mejor de lo que son. 

           Renacer es una Revolución cultural a través del amor, trabajamos siempre con lo más noble del ser humano, el amor compartido, así nunca nos vamos a equivocar.

           Vemos que, a través de una tragedia personal, convertida en un triunfo del espíritu humano, los papás, mamás y hermanos que están en Renacer, producen  profundos cambios culturales en la comunidad en la que les toca vivir.

           Estamos dando un salto cualitativo, que nos lleva a trabajar en el ámbito de lo moral y ser moral , en el fondo, es dar al otro el doble de lo que uno espera de ellos.

           Entonces, en el ámbito de lo moral nos movemos hacia la valoración del otro.

           Al principio la gente está muy apegada a sus propios sentimientos, a sus propias emociones, lo único que interesa es “que yo estoy mal”, “yo extraño a mi hijo”,  “yo quiero a mi hijo y no importa el otro”, sin embargo, no hay salida sin el otro.

           Todos los modelos psicológicos sacando la logoterapia, se basan en la categoría “del antes” y “el después”.

           Si usted va a un psicólogo y le dicen: “yo me siento mal”, le dicen: “a bueno, veamos ¿que le pasó antes?” Entonces, si hoy estoy mal es porque antes me pasó algo malo.

           En Renacer decimos que la dimensión espiritual del hombre es aquella que nos permite trasformar esta tragedia en un triunfo humano, en un triunfo del espíritu humano, entonces, es un mensaje totalmente contradictorio frente al mensaje de todas las ciencias de la psiquis.

           Eso también es una novedad nosotros decimos: no es necesario prestar atención a los sentimientos y a las emociones, son todas negativas, no tengo que perder tiempo preocupándome de como me siento, tengo que utilizar toda mi energía para que el hermano que está sentado frente mío se sienta mejor, es la  verdad contenida el viejo dicho: “aquel que lleva la luz a los demás no puede separarla de sí mismo”.

           Todas estas cosas nos han  llevando por un camino que muy lejos de la psicología, muy lejos del dolor, junto sí al amor; aprovechemos esta oportunidad, porque nunca podemos volver a ser  la misma persona después de perder un hijo.

           Tengamos  la edad que tengamos, se nos presenta una nueva oportunidad en la vida, vamos a ser una nueva persona, la persona que éramos antes ya no somos, haya sido buena, haya sido mala, haya sido perfecta, haya sido como haya sido, ya no somos más, pues tenemos la posibilidad de elegir lo que queremos ser y eso no solamente es un  desafío, sino que es una aventura, como Renacer fue una aventura.

           En esos momentos en que pareciera que ya nada tiene o puede tener sentido, cuando experimentamos nuestra vida como vacía, es justamente entonces que  estos grupos presentan la particularidad de ofrecer una posibilidad de sentido colectivo, es decir trabajo, afecto, creación y capacitación para el grupo y esto puede ser igual para todos los miembros y mantenerse hasta que cada uno de ellos encuentre el sentido único e irrepetible en su propia vida.

           Renacer representa ese espacio de lo inefable de manera colectiva: ahí está para quien quiera asumir el desafío.

           Asumamos el desafío  y  la aventura de ser una nueva persona y elijamos en ese camino entre lo mejor y lo peor, porque podemos decidir, podemos elegir, no somos bebés recién nacidos, comenzamos una nueva vida pero ya con experiencia, ya podemos decir que es el bien, ya podemos decir que es el mal, ya podemos decir que es lo que queremos ser, entonces, a través de esa transformación interior, la muerte de un hijo no va a ser en vano, esos hijos van a ser las estrellas fugaces que llegaron a nuestras vidas, nos tocaron, se fueron pero nos transformaron, nos tocaron para cambiarnos, son pocas las veces en que la vida nos da segundas oportunidades y ésta es la más importante de todas

 

                                                                               Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                                       bertilogoterapia@gmail.com 

                                                                                   Viernes 29  de noviembre de 2013

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25-10-2013
Reflexiones a los 25 años de Renacer
Alicia Schneider Berti - Gustavo Berti

Reflexiones a los 25 años de Renacer

 

           En estos años transcurridos hemos aprendido que la felicidad no es una meta, sino que la misma nos es otorgada como resultado de una tarea cumplida.

           ¿Qué mejor tarea para hacernos felices, que aquella que llevamos a cabo en nombre de nuestros hijos, ayudando a otros padres que han perdido hijos?

           Si conseguimos que esto se transforme en una misión para nosotros, con todo el significado que esta palabra tiene, habremos encontrado otra verdadera y valiosa razón para seguir viviendo, amén de por los hijos y familiares que nos quedan, algo para qué vivir por nosotros mismos.

           Renacer propone un nuevo camino a recorrer por los seres sufrientes, como una verdadera alternativa al camino que se ofrecía hace veinticinco años, cuando perdimos a nuestro hijo Nicolás, por entonces, lo que había para un padre que perdiera un hijo era “atravesar el proceso de duelo” y si necesitaba acompañamiento en ese proceso debía recurrir a quienes tradicionalmente habían “tutelado” dicho proceso, es decir los especialistas en las ciencias de la psiquis y los representantes de las diversas religiones.

           Renacer va mucho más allá de un duelo por la muerte de un hijo, estamos hablando de una modificación de nuestra existencia, y estamos hablando de un antes, y de un después, cada uno de nosotros elige como va a ser ese después, que va a hacer con esto que le pasó, que va a hacer con su vida, como va a vivir su vida, y cuánto amor va a entregar en nombre de esos seres maravillosos que han partido, y nos han precedido en este viaje evolutivo, en el que todos nos hallamos embarcados.

           Renacer es un camino que partiendo de la desesperanza, de la soledad existencial y de un sufrimiento sin sentido aparente, nos conduce a una existencia valiosa, auténtica, que se afirma a sí misma en una lucha laboriosa y honesta, no para olvidarnos, no para no sufrir, sino para reafirmar nuestra firme decisión de volver a empezar una y cuantas veces sea necesario, pero haciéndolo con la frente alta, mereciendo, como decía Dostoievsky, ser dignos de nuestro sufrimiento pues igualmente digno y valioso es el origen de ese sufrir.

           La propuesta de Renacer es un imperativo ético que va mucho más allá de un mero confortar a los que sufren, en otras palabras, es un camino que lleva al hombre a su ser; es el camino que lo lleva a alcanzar su humanidad.

           Este camino es el camino que nuestros hijos, los que partieron y los que aún están en la vida y nosotros mismos merecemos, el camino que, al mismo tiempo, ha de proteger a Renacer de todos los peligros y dificultades que ha enfrentado y tendrá que enfrentar a lo largo de su historia.

           El verdadero RENACER se halla en el “encuentro” de los padres que enfrentamos la muerte prematura de nuestros hijos, encuentro que es directo y en el que no se interpone entre el YO y el TÚ ningún sistema de ideas.

           Encuentro visto como una relación con un semejante en la que se reconoce a éste como ser humano, en cuyo marco ambos integrantes del par YO-TÚ se reconocen en toda  su humanidad y también se reconocen en su singularidad y unicidad, el encuentro se convierte, así, en relación de amor.

           En su esencia, es un encuentro existencial de seres sufrientes que confluyen en un objetivo común: trascender el sufrimiento, que implica el olvido del propio dolor, al preocuparnos por el dolor de los demás; la única manera de no pensar en mi dolor, es pensar en el dolor del otro..

           Desde sus orígenes, Renacer se afanó siempre en mostrar que  la muerte de un hijo es un llamado a un acto de grandeza existencial; un llamado a una nueva existencia que va más allá de una mejor existencia, sino una existencia radicalmente nueva.

           Esta extraordinaria posibilidad permite transformar, no sólo una realidad personal, sino también la realidad universal al permitir transformar una desgracia personal en un triunfo de la humanidad entera.

           Se nos podrá objetar que es un camino difícil y que quizás no todos puedan seguirlo, se nos propondrán alternativas más fáciles y más tentadoras

           ¿Cómo conformarse con un mero transitar un duelo convencional? ¿Cómo conformarse con un mejor o peor análisis de la culpa, el odio y cuantos sentimientos y emociones negativas se pueda mencionar? 

           En todas nuestras charlas nos hemos referido a emociones y sentimientos negativos, lo hemos hecho  para tratar de mostrar la futilidad de demorarnos en su análisis en los grupos.

            Hemos puesto el énfasis en hablar sobre lo que está más allá de todo eso, sobre todo en cómo esta enorme crisis existencial nos convoca, nos llama a una respuesta que abre las puertas a un profundo camino de humanización.

           No negamos la existencia del dolor, sólo negamos que a partir de una mera elaboración de, ese dolor en un proceso absolutamente individual y despojado de toda trascendencia, puedan surgir individuos libres para elegir ser mejores, más compasivos y solidarios con el dolor ajeno, capaces de elegir la manera de sufrir, abiertos al mundo en que se insertan y a los otros con quienes comparten dicho mundo..

           Tengo que levantarme por encima de mi “dolor”, para ayudar al hermano que sufre, levantarme por encima de algo quiere decir dejarlo atrás, pasarlo por alto, no quiere decir que tenga que elaborar mi duelo para luego ayudar al hermano que sufre; tengo que dejar mi dolor atrás y en ese proceso trasciendo como ser humano.

           ¿Qué significa trascender? Trascender significa estar fuera de uno mismo.

           Víctor Frankl sostiene que el hombre es un ser trascendente, que siempre está orientado a otra persona, a una tarea o a una misión que llevar a cabo.

           ¿Qué pasa cuando salgo de mí mismo? ¿qué pasa con mi dolor? mi dolor queda afuera.

           El dolor queda afuera, cuando salto por encima del mismo para ayudar a una persona, a quien yo necesito, pues no es sólo que la persona me necesita a mí, soy yo que necesito a  esa otra persona.

           En la intimidad, sólo podemos escuchar a nuestra conciencia y la silenciosa voz de nuestros hijos que siempre han de indicarnos el camino más valioso, aquel que nos lleva a renunciar a nosotros para pensar en el hermano que sufre; la única manera de no pensar en mi dolor, es pensar en el dolor del otro, eso es Renacer, es tan simple como eso.

           Esta demanda que recae sobre nuestros hombros no queda sin respuesta, puesto que mientras más renunciamos a nosotros, mientras más nos olvidamos de nosotros y de nuestras emociones, más cerca estaremos de nuestra esencia, de aquello que somos: seres humanos.

            Habremos así recorrido el camino ético que RENACER propone, el camino que nos lleva a vivir como verdaderos seres humanos solidarios y abiertos al mundo, un mundo en el que la felicidad no es una meta, sino que nos es otorgada como resultado de una tarea cumplida.

 

                                                                     Alicia Schneider Berti- Gustavo Berti

                                                                             bertilogoterapia@gmail.com 

                                                                            Viernes 25 de octubre de 2013

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